Veladas literarias de Lima: 1876-1877
e 158 VELADAS LITERARIAS Tan cierto es que el dolor del alma preserva al cuerpo y lo hace invulnerable. El sub-prefecto de Moyobamba y su jóven espü('a, me hi- cieron la mas benévola acogicla. Encantados de ver á una persc_ na con quien poder hablar del mundo en aquel apar- tado rincon, apoderáronse ele mí y me retuvieron muchos días en su compañía. Para dejarme más á mi gusto, hospedáronme en una gra- ciosa casita sombreada por grandes árboles, y pusieron á mi servicio á una linda muchacha, que se me presentó llevando por solo vestido un largo camison. Desde mi paRo por las costas del Brasil habíanse. ya habi- tuado mis ojos á esa parvedad de ropas, que por lo demas favorecia muy mucho á Catalina. Mi nueva criada me preparó nn baño en un recipiente formado por el tronco ahuecado de un cedro. Mientras lo tomaba, víla ocuparse en arreglar mis vestidos, sustituyendo á los arreos masculinos un elegante peplum azul, con falda de gasa. Como la pregnntára con qué motivo sacaba á luz esas magnificencias, díjome que el sub-prefecto daba aquella no- che un baile en obsequio mio; al que debiendo asistir, no había de ir ciertamente disfrazada ele ho:nbre, sino vestida de aquel primoroso traje. Y lo preparaba añadi éndole detalles de refinado buen gusto, inspirados por una coquetería instintiva. Escuchando el aviso de Uatalina, creia comprender mal sus palabras: tan estraña me parecia la idea de un sarao en aquellos andurriales. Pero yo olvidaba que es, precisamente, en esos lugares, donde mas se baila. El orígen de la danza es salvaje. No de allí á mucho llegó el prefecto á buscarme para lle- varme á su casa, e n cuyo salon tenia lugar la fiesta. -Acuéstate, hija mia, y no te molestes esperándome-·· dije al sal ir, á la linda Catalina, q ne me miró con estrañeza·
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