Una llave, un mar, un puente : el impacto de la selección de libros en la formación de lectores
38 Me refiero a la más elemental de las escrituras y la más elemental de las lecturas. La escritura y la lectura del trazo que nos enlaza a unos con otros, del vínculo que cada ser humano va entablando con otros seres y, también, de la multiplicidad de vínculos que forman redes y tramas de la vida de las personas. Cada gesto que un individuo hace puede ser leído, generar palabras que lo nombren, generar una escritura. Por eso interesa el lenguaje anterior, la escritura anterior, la lectura anterior a la palabra. Cuando llegamos a la hora de las nanas ya hay un pequeño mundo de trazos, de vínculos posibles de ser leídos, escritos a través de lo sen- sible. Trazos que después se van a entramando en redes (2008, pp. 18-19). Al llegar al mundo de la lectura escrita el niño o la niña ya es un niño lector, una niña lectora. Hasta llegar a leer un libro pasó un promedio de seis años de su vida leyendo de otras maneras, leyendo con los oídos, leyen- do imágenes. Pero el sistema escolar indica que solo co- mienza su carrera lectora cuando decodifica un sistema de signos. Curioso. Hay otro concepto que me ronda en este sentido. Lo acuñó María Emilia López, especialista en lectura y bebés, y ella lo llama «lecturar»:
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