Una llave, un mar, un puente : el impacto de la selección de libros en la formación de lectores
23 dos los tipos de texto. Entonces no estamos hablando de la masividad; lo que se extraña es la significación: la lectura que supuestamente tenía un sitio en el imagina- rio social. Un momento idílico en el que leíamos más, los niños y las niñas no veían televisión y pasaban largo tiempo en la biblioteca. Y realmente ese tiempo no es más que un lugar del pensamiento porque en nuestros países, hasta hace muy poco, la lectura era cosa de la pequeña burguesía acomodada. De hecho, una de las movidas más interesantes de los años ‘60 y ‘70 es la que protagonizan editores como Boris Spivacow en Argenti- na o la editorial Quimantú en Chile que ponen en ma- nos de los lectores miles de libros a muy bajo precio. Es cierto que, entrados los ‘70 y avanzados los ‘80, muchas editoriales contaban con colecciones muy económicas que se vendían en los quioscos. Pero no me atrevería a señalar que esa oferta masiva estaba a disposición de todos los niños y las niñas. En mi país, Chile, la lectura en los ‘80 era sinónimo de rebeldía, de estar contra la dictadura. Podías iden- tificar un militante de izquierda solo con ver bajo su brazo uno o dos libros; era una forma de reconocernos. Pero luego vino el avance crudo del neoliberalismo en los años ‘90, con sus políticas culturales y educativas que dejaron profundas huellas y leer dejó de importar excepto para pequeños grupos.
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