Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
¡, /' ¡ ... . ~ (A Hildebrando Fuentes.) ,~ l. El Cuzco, asi como casi todas las poblaciones donde senta- ron sus reales los españoles, abunda en cruces de todos tama:- ñ.os hechas de distintos materiales, y colocadas en diferentes direcciones, para memoria de algún suceso grave. . Andada la hermosísima llanura de seis millas de extensión que hay desde el pueblo de San Gerónimo al Cuzco, se toe~ don el callejón de Arco-Puncó, que tiene un pésimo empedrado en tiempo de secas, por haberse quedado inconcluso el que inició el obrero General San Clemente, y un lodazail fragoso é intran- sitable en la estación ·de lluvias, cuyo aspecto indudablemente previene al visitante, en contra de la gran ciudad. Al terminar este callejón que es de recuerdos para el viajera que sale del Cuzco por ser el lugar destinado casi esclusivamente á las despedidas de amigos, sm contar Santo-Tis ó Oachimay<J., y muy cerc~ á las primeras casas. de la población del sol, se en- cuentra el caminante con una cruz'bastante grande, de piedra labrada, y que ninguno que haya visitado Ja antigua Capital del Imperio deja de conocerla, pero no todos, saben el origen de es- .ta sagrada enseña, y vamos á contarlo. . II. Don Agustín-Sarmiento de Sotomayor, Vizconde del Porti- llo, Corregidor de Aimaraes, y Don .A.lej© de Valq,és, eran dos jóvenes de la apergaminada nobleza española. Ambos favore- , cidos por la naturaleza con 'un personal seductor y la donación de muy·regulares doblones, hallados en el Perú, llegaron á ser los Adonis de las Vénus de la tierra de las .A.ellas. Cierta noche de los primeros dias de Setiembre de 1652, se · encontraron nu~stros dos 'héroes en la casa de unas damas muy I
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