Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

¡ 82 TRADICJON:ES CUZ.QUERAS. I =========~===:::::===========================. ==r=·====:==:::~==:= sufriese el castigo merecido por tan graves delit,os, por el mal ejemplo y eseándalQs que _Q.aba. ~· . . El Sal vadór iba á pronunciar su sentencia» cuahüo María su divina madre, intercedió ppr Zelenque recor~ndo ·que era devoto si:cy9, y que no solo h a?ia hecho ~arida,d , cuando le p6-; dian implorand~ su nomb.re; s1 que tam?1én fue el . Sajvador. d& su anda en la "1da de Belem.:' Ofremé que se ·c'biife.$3.lja 'Y que su conversión seria verdadera. Entonces se llamó á un . P. Jesuita, (Martín de Campos) y se confesaba Zelenque cuando atemorizado con la enormidad de sus propias culpas · que hasta entonces Il0 las había rememorado, / despertó ajitado, COllUll- didO y sobresaltado. Llamó á sus criados y después de refe .. rirles el sueño horrible que lo habia atormentado .gran parte tle la noche, les encargó que no lo abandonasen µ.ast.a el amaQecer. Tan pronto como ,despuntara el alb~ salió d~ su · cas~ con el fir- me propósito de confesarse y cambiar de vida; pero el encuen- tro con sus amigos y las burlas del sueño que lo atemorizó, lo alejaron nuevamente de su resolución. (2.) Los chasquis venían confirmando la mu~rte de varias de las personas que Zelenque · vió en su ,.,fatídico sueño, y la suya se verificó un añ? después dándole tiempo l?ª~ª el arre. pentimiento. He aqm ·corno ha conservado la tradición, poi: su parte, tan notable suceso. v.. Una de las semanas de cuaresma de 1619 se · retiraba Ze- ~nque· en altª-S-horas de la noche, de uNa de sus acostumbra- das OIJ1as,- dónde no eran med1das por cierto las livaciones en honor de Baco, ni la devoción á Venus: parado en la puerta de su casa, y dispuesto á tocar el llamador, vió q u~ se le presenta- ron cuatro ó seis sayones de espantosa figura y hercúlea mus. culatura, tomándolo en seguida de los brazos. Zelenque no ca· recia de valor, pero, supersticioso é)gnorante, llevando á mas la preocupación <le su sueño~ no.opuso resistencia ni habló un& palabra: el susto heló la sangre en sus venas, quitándole el ha.- bla. A mérito de las teas énOffDdi~as que los fantasmas llevaban, pudo distinguir el infeliz Zelenque, las fisonomías hor- ripilante's de estos seres que no los creia humanos, pues te· niau enormes cuernos que sobresalian de grandes y enredadas {2) Hasta aquf hemos referido casi al pié de la. letra la relación del P. Fe- lipe de Outreman que la confirma el P . .Andra.de eo su HITINERABio auTo- RIAL, Sec. 3, párrafo 4.

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