Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

194 EL ORÁCULO DEL INDIO. III. La habitación de María,· triste y modesta, no tení~ más felicidad que Angél-i'ca¡ Una tarde, próximo á ponerse el sol, se detuvo á la puerta un elegante cabriolé del que bajó un hombre gordo, y aristocraticamente vestido, que preguntó por la señora María y puso en sus manos un paquete con ricas iniciales · grabadas en oro. Contenía buena por- ción de esterlinas, para dote de Angélica, dicho~a por la caridad de un desconocido. ¡La dote de Angélica! Se cumplirá el ÜRÁcuLo DEL INDIO, díjo María guardando aquel valioso presente con alegría sia igual. IV. No fué, pués, sueño. " El indio Condorí, tomando una vez á Angélica en- tre sus brazos:-._Huahuacha le dijo-á tí te dotará all- pamama con el fruto de s~ seno. . ~ .: 'e Y María, preocupándose de aquello y .:A.. ivándolo cada vez más en medio de .su dl~ventura, se pregun- taba á menudo: ¿Encontrarémos una mfoa? ¿la suerte de Angélica estará encerradá en algún entierro del Inca, junto á algún cadáver. sepultado con sus tesoros?-)' veía brillar la imagen de la esperanza. La ofrenda aquella era la de ·un rico minero 9 n'!- tosí, al que había oído nombrar desde joven pero que no conocía. Fué en efecto la dote de Angélica que, de5posada _con Arturo, tiene al presente dos angelitos; Blanca y Corina, que en la 1 tarde y en la madrugada empal- man sus pequeñas manitas al cielo para pedir por el desconocido señor que ha dado cumplimiento al Orá- .culo del Indio.

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