Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
HOJAS SUELTAS. lo veíamos llegar cargado del haz de leña, arreando las ovejas, seguido de su inseparable Attocc-hillapa, que así se llamaba un perrillo sucio y enteco, novio ta l~ vez de la celebre pe1 ri!la de Marroquín, y dueño dt. todos los afectos de su amo. / Después de ordenar el ganado en la cerca, dirijíase á la cocina, donde se trataba de asuntos de encanta- mientos, clzapetones y aparecidos, cuya novedad de .re- lato interesaba nuestros siete años para burlar la vigi- lancia de D~ Paulita, la ama, y correr junto al fogón. . El tiempo, con sus pasos de gigante, fué acumulan- do los años. No era yo la niña de ayer, pero Condorí . seguía siendo el oráculo respetado. El año 78 fuí á pasar largas .semanas en la quinta y todas las tardes me relataba el viejo ovejero el _curso de sus observaciones, presagiando, consternado, hor- ribles cosas para la patria y para mi familia. Un día le ví llorar con la fé ciega del que ha visto el teatro del espanto. ~- - Yánappu;10 (nube negrq.)'ha aparecido en forma del Inca envuelto en llací.-·o!la . roja _y llorando sangre! ¡Ah! señoracha, por la Mama de Dolores, que todo vá á caer con sangre y duelo, Attocc-hillapa ha aullado co- mo grande, y el cernícalo ha arrebatado !~-- ?aJpma blan- ca que, inocente, posaba sobre el campan'ario del pue- blo,-dij o y calló, sollozante, tapándose la cara con la esquina del poncho, que enjugó gruesas lágrimas. Ca- llé támbién, pero confieso que aquellas palabras me trocaron en tacituna y cabilosa. ¿Era sólo el infü~1jo de la sangre peruana? ¿era la tristeza del presagio? Mis- terios de Dios! . • . . . . . . . . . . . . .. II. Finalizaba el -~ño de I 884 y la blanca luna alutp- braba nuestra vivienda en la ciudad <~e Arequipa. S~as y huérfanas nuestros soliloquios tenían inter- valos de lágrimas y de suspiros.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx