Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
HOJAS SUELTAS. ' ' ' Bucles castaños, rizados como la onda del laO"o, y empolvados por la tierra, caían en graciosa melen~ so- bre su ·hombro adornando su cabeza, á la que servía de pedestal, magnífico talle esbelto y porte aristocrático. Francisco no vino al mundo para terminar su exis- tencia en ignoradó rincón, y alguno dijo 'á su oído ¡Lima! . / - La alegre plaza de Acho era el teatro de aquel ac- ,, tor, y desde que escuchó- la palabra mágica-I ..ima,- su ideal querido, se reconcentró en aquellas cuatro le·- - trc1s que dicen placer, ventura, contento, nombradía, gloria y fortuna. ¡Lima~ Llegar á sus playas aromáticas,_sentir su ambie~.te •embriagador, ·er'a trasportarse al mundo desconocido, que nos aguarda c"n porta:la de inmortalidad. , - Pero ' Pancho no contaba monedas, y el.srglo-pregun- , ta á los huéspedes ¿cuán'to tienes? para darles patent~. Una circunstacia favoreció ~l torero. . La guerra civil ardía con llama cada vez más elevada. El ~guerrido ejército constitucional, cruzaba las ' agrestes soledade_? del in.terior, sin otro equipo qu~ su patriotismo, sin más aliento que su fé en los grandes destino~ de las naciones. · Una mañana, Pancho abrazó á sus dos hermanitas, María y Manuca, las besó en la frente, y les dijo:-Acliós, pídanle á la Virgen de la Cueva .Santa que ~e &uíe,. y alguna vez llegarán ustedes á ·Lim_a. Después, partió, alegre y satisfecho como quien He- va actas unipersona1es y va á senta17se en las poltronas . del , soberano congreso. . En aquella fecha, el general, direct'or .de la guerra, pernoctava en Apurímac, después de la penosa jorna- da de las zetas y el puente de colunipz'o. ' Pero ~ FraMisco no debía oponérsele dificultad. Es- taba resuelto á todo. · Llegilr á Lima era su objeto. -Mi general,-dijo llegándose al conductor de- las huestes, - presente Francisco Ccolqque, torero de los pueblqs que, cansado de burlar al animal, quiere sacat
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