Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
HOJAS SUELTAS. II. Un grupo salmantino festeja también la llegada del carnaval, con la graciosa castañuela, encanto de la salerosa anda! uza, la pandereta y la guitarra q~e, tem- ~ piada al pié de los muros de Granada, fué testigo de más de una de aquellas leyendas moriscas, donde Zaida ó Raíl, asomando al alfeizar, dejaron escuchar la queja del alma que hirió el corazón, ora con voz de trueno, Óra con acento de paloma. · Ese grupo viste el ropage tradicional del travie~o estudiante de Salamanca, con el bonete _que, á las ve- ces, tomaba parte en las disputas universitarias, la capa, bajo cuyos pliegues se escondían ingeniosas travesu- ras, y la cuchara dispuesta á hacer los honores á la sopa española: se llama la estudiantina, En el corazón caballeresco, el placer ó el dolor arrancan actos de nobleza. La festiva comparsa ha sabido enlazar ambos sen- timientos abrazando el placer para aliviar el dolor; y así, en sus coplas de música fascinadora y letfa melan- cól_ica, ha mostrado, entre dos luces, la antorcha de la caridad para llevar, desde el salón de la danza, el alivio al lecho del dolor. ¡Poesía cristiana! Iii. Las sultanas de ojos parleros, al ver á la estudian- tina, han dado tregua á la guerra de cascarones para depositar en la bolsa estudiantil ~doble ofrenda, tan..Jién como dos 1uces: <d modesto óbolo del, monetario y el tributo de bendición _y gratitud para españoles y are- quipeños que así saben divertirse con beneficio del prójimo desvalido. Y cuando ha pasado la falange de estudiantes ba- tiendo el estandarte significativo; termina la tregua y vuelven los carnavalistas_; otra vez, locos, al fragor del
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