Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

\ \ 1 . - } MALCCOY. Chapacucha, llevaba el alma enfcrrna: su dolor casi podia distingu~rse al través de la indiferencia con la cual se adelantó de la fila cuandq escuchó su nombr\!. · Toqa la alegre comitiva se fué derecho al campo de- Atunccolla. · . · - Al salir, se cruzó entre Pedro y Sebastián, este breve diálogo: 4 • · Sebastian:.-. -¿Tienes tu novia á aquí? Pedro.-Presente y muy hermosa. ¿La tuya? Sebastian.-Duerme en el s'eno de Allpamama. Mu- rió la pobre de pena cu~ndo me llevaron en la leva pa- ra servir de redoblante en el Batallón 6? de línea, dis- persado en las alturas de _Quilinquilin. En aquel momento llegaron al lugar donde aguarda- ban las mujeres. La mirada de su madre produjo ·1ijera reacción en el semblante de C/tapacuclta, y con rapidez prodijiosa quedaron, él y su contendor, adornados con la llíclla colorada, terciada como banda, un birrete de lana de colores y ojotas ~on tientos corredizos. Se mi- dió la distancia, la señal de la vocina sonó y los dos mancebos se lanzaron al aire como gamos perseguidos por titano cazador. VI. Pituca tenía el corazón en los ojos. Llevaba pendiePte del brazo una ,guinalda de clave- les rojos y yedra morada, como las llevaban, casi todas las mujeres para coror~ar al ganancioso. Veinte pasos más, y Pedro traspasó el lindero. La victoria q u~dó por él. Chapacucha, con calmosa indife.. ~ncia, fué el primero que abrazó á su vencedor diciéndole al oído.-Tuya es, pero, ¡me duele por m1 madre! La algazara no tuvo límites, coronas, flores y abra- zos fueron para Pedrucha, á quién preocupaba un solo pensamiento. Pituca tardaba en abrazarlo porque es usanza aguardar que lo hagan los mayores. Por fin, adelantóse hermosa y risueña con la felicidad del al- , .

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