Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

MALCCOY. . ·III. Pedro y Pituca, nacidos en choza·s ·vecinas; desde los ~ tres años al cuidado de las manadas de ovejas, habían crecido compartiendo el pobre fiambre de mote frío y chuño cocido al vapor, corriendo campos iguales y contándose cuentos al borde de las zanjas festoneadas de matteccllos y de grama. Allí, en. esos berdes apren- dieron tanto los tejidos de sus ondas como el hilado ) de los vellones que caían en el tiempo de la trasquila. Ya no eran niños. Pítuca, aunque la menor, entró la primera ~n la edad de las efervecencias del almaqu.e suspira por Qtra·alma. Sus negros ojos adquirierOn mayor brillo y sus pupi- las respiraban fuego. . · Pedro, talvez más tranquilo, comenzó á ver que sólo al lado de Pituca se sentía bien, y los días de faena, en que tenía que suplir á su padre é ibá al pueblo, taci- turno y caviloso, suspiraba por la choza, por la ma- nada,. y pór la zanja. -¡Pituca!-se decía, al tomar la ración de coca ofre- cida por su cacique, en cuyqs campos labraba, sin otra recompensa. ¡Pituca! al mirar las l!icllas coloradas y de puitos verdes tramados con vicuña que lucían las esposas del alcalde ó del regidor de su ai:Zlo. Un día, sentando á Pituca sobre su falda, -Hurpilla_y, le dijo:--mi padre, mi hermano mayor; el compadre Huancachoqque, todos tienen su mujercita. ¿Quieres tú ser mi palomita compañera? Yo correré el malcco este año, ¡ay! lo correré por tí, y, si tengo ·tu palat a, no habrá venado que me dispute la carrera. -Córrela, -Pedrucha-contestó Pituca-- porque yo seré buena mujercita para~tí, pues, dorrnl.da, sueño con- tigo, tu nombre soplan.á mi oído los in achulas de otra vida, y, despierta, cuando te ausentas, me duele el co- razón. -Escupe al suelo-respondióle Pedro abrazándola, y aquel compromiso quedó sellado así. ') \ ¡

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