Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
38 TRADICIONES CUZQTJE:&.AS. __._ ' sa, fanática y bonachona, y se la tomó con el Padre Gonzalez ejercitándolo de todas las manyras que su conocida habilidad y su instinto tentador le inspiraban. De contínuo se veía en la calle · ~l Padre Gonzalez, en lucha abierta con su maligno perseguidor, combatiendo con el bácu- lo que sostenía su debilidad corporal y con el que tengo segu- ridad de que no le causaria mucho daño, porque basta hoy no conozco tradición de que al diablo le hayan roto las costillas con una paliza. , 'rambién dizque el habitante infernal solía encajarse con frecuencia en el seductor cu,erpecilló de alguna hija de su ma- dre para presentarse ante su Reverencia cuyas miradas abar- caba. Aunque esta es cosa un poco inverosimil en los años de Fray Juan Tadeo, pero, vemos tantos viejos! .... y luego, tantas libertades se tomaba entonces el travieso de Lucifer, que eso, y mucho mas podía hab~r obrado por propia virtud. Y si no, . sigamos el relato. , ,, Cierto dia se acercó a1 Padre Gonzalez una bella dama pi- diendole la mano para estampar en ella sus rosados lábios en señal de respeto y humildad. ¿Qué mas se quiso Fray Juan, que al fin era de carne y huesos. ¡Pero, guay del que se pone al pe- ligro! sintió que en el cuerpo de tan linda moza se encontraba nada ménos que su perseguidor y mortal enemigo, acudiendo inmediatamente al inmenso acopio de jaculatorias que guarda-· ba para implorar la asistencia del cielo y los santos: mas, vién· dose proximo á sucumbir, dió un gentil garrotazo á la cortesa- na Señora. Esta medida violenta, le ocasionó la suspensión de oficio y un pequeño proceso que terminó en 1,702 de idén- tica manera que en 1880, es decir, con unos cuantos escritos, rúbrica · del señor Juez, notificación por el escribano, y. _.. au- tos para sentencia, y s'e perdonaron las partes, cansadas de li- ti~~ ' Pero, Lucifer no se cansó de atormentar al pobrecito Fray ' Tadeo quien no daba mas motivo que el de ser virtuoso. Tanto sufria, y tan frecuentes se hicieron las batallas para el Padre Gonzalez, que resolvió no salir mas del convento: ce- ,rrarse bajo sus muros: y vivir en continua oración. II. Un dia de 1,703 se paseaba el Padre Gonzalez por lo! mo- numentales claustros del antiguo palacio del sol, hoy conven· to de Domí~icos, cuando alzando vista hácia el cerro de
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