Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
. ( suspiro, formando una ·alma sola, nunca pueden ser se- · parados por el hombre. Camporreal conoció y amó á la hija de un español y una india. Sus padres concibieron el imposible de su unión por la desigualdad de cuna y le alejaron del lugar, fingiendo, poco tiempo· después, que la predi- lecta de su corazón se había enlazado con otro. Camporreal, en su des~speración, abandonó el mun- do, abrazando la carrera del sacerdocio, pero, .cuan- do regresó al lugar que fué testigo de sus castas y vehementes impresiones, vió al objeto de su amor, y supo_ que, libre y fiel, como los mártires lloraba su au- sencia. Desde aquel momento sé despertó en el pecho de Camporreal la dormida y fiera pasión. La casualidad descorrió el velo que había enlutado la vida del sa- cerdote. Acudió la tentacióh atraída por el amor y Camporreal fu_é perjuro á sus sagrados votos. !Nunca mayor tempestad destrozó el alma de un hombre amante de la virtud! Per'o Camporreal amaba más que todo á aquella mujer, en la cual vió reunido el com- pendio de lo bueno y de lo bello.)) Tronchada la flor de ,su tallo, arrebatóla el huracán . de las pasiones: ella y él, vencidos mutuamente, fue- ron á pedir albergue á la soledad de la montaña, pero ¡ah! el clima de la azucena y el amancay cobijó . el teatro del dolor y del espanto. La muerte cerró los ojos d~ ella á la luz de las miradas de él, que en el colmo de su frenético cariño no quiso depositar los despojos de la mujer adorada en el seno de la tierra presenciando día á día la descomposición de la mate- ria. . . Consumada la obra de la destrucción, aun qui- so e~ amante conservar consigo los- más duraderos de · sus de~pojos para inmortalizar con ellos su dolor, é in- ventó la quena,. formando el instrumento de su tristeza . de la canilla izquierda del esqueleto, y entre los ayes de su alma enferma, sintió irse la razón dando paso á la locura . . . . . . . . . · · · · . . . . . . . 1,
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx