Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

I J4. HOJAS SUELTAS. ~~-'--~~~~~~- soñar despierto con las dulces tristezas _del amor au- - sente. Oírla en noche tenebrosa cuando las sombras envuel- ven la campiña, es desgarrarse el alma con sensacio- nes de un dolor sin nombre. El duo de las quenas, según la ex~resión de un ilus- tre viajero contemparáneo, nos lleva á pensar en el do- lor compartido, mientras que el monólogo es la que- rella del solitario sin consuelo, partiendo del cora- zón del indio errante ó del alma de amante traicio- nado. «El primero llora su libertad y su esposa, dos ilusio- nes perdidas, el otro pide -á Pachac:amac que le de- vuelva el corazón de la mujer á quien pretende levan- tar en la montaña un altar adornado con flores de aman- cay y perfumado por las recinas de las selvas.» Y ambos lloran sin que el llanto asome á las pupilas, porque, condensado en el corazón, sólo halla curso libre en las notas .de la quena. ¡Cuántas veces, atravesando la_lnelada cordillera don- de el sol dora la paja y la nieve blanquea las cimas, he- mos contemplado al pastor vertiendo en la quena er llanto de~ su alma. _ Alguna vez hemos oído junto al fogón de 1a choza solitaria, la historia del Manclzay-puito entrelazada con · la leyenda y la tradición, confundiéndose e~ nombre de Camporreal, con .el del cura de Yanaquihua. II. Ningún instrumento puede traduci~, como Ir que- na, los lamentos del amor desgraciado. Sin duda por eso la leyenda ha puesto · en manos de' Campo- rreal la quena aterradora fabricada de la tibia de la muerta. ¡Historia tremenda de tristeza' y de espanto! Dos corazones que alcanzan á confundirse en un

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