Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

DE LLAMA Y FUEGO. 73 nítica sobre los muros de las construcciones de los In- cas, las pone á salvamento de los incendios que de- boran las ciudades donde prevalece la madera, fué tal el aspecto del fuego y llamas del que nos ocupa, que la consternación y los lamentos se disputaban primasía. ¡Fuego!! fuego!! misericordia!! perdón!! eran las pala- bras ·que el eco repercutía por los ámbitos de la noche, haciendo saltar de sus camas á muchísimos en paños menores. La cosa era gorda. Pasaba de tornasolada á roja. No faltaron quienes acudiesen á los templos en de -:- manda 'de confesión sacramental, haciendo públicos ac- tos de contrición, como que tenían la muerte á los ojos. Presumo que aquellos serian cifra entre los que, cordero_s por .el forro, llevan e~trañas de tigre. Hubo gran número de penitentes con cruces pesa- das y arrastrando cadenas, dice el cronista que surte de datos la pluma narradora. l ' III. Lb qu.e puso en alboroto mayúsculo á la ciudad y en miraje aterrador á los mortales afici~nados á que- , brarttar mandamientos, fué un fenómeno ce]este: unas auroras boreales, que presentándose por la parte septen- trional en forma de piras, se levantaban en el horizon- te iluminando tan fuertemente la ciudad y los pueble- citos circunvecinos como San Sebastián, San Geróni- mo, etc. que el más adiestrado bombero de los muchos elegan~es y buenos mozós que visten uniforme en el / siglo diez y nueve, habría jurado, por las niñas de sus ojos, que aquellas piras eran incendio de llama y fue- go, corriendo veloz en busca de escalas, chacó de hu- le, bota$ enlustradas, chaqueta roja,' pantalón blanco y demás 1 adminículos del oficio; pero, al llegar al 1ugar del siniestro, habríase chasqueado, como los clzapetones y los peruanos de 1683, con las tales auroras.boreales; cuya pintura existe en cuadros que posee el Museo del {•

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