Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
20 TRADICIONES CUZQUEÑAS. 1n~s de fu!io: quitó la vida á Salcedo por parecer sinil'S- tro al Assesor, aun que reconocida dcspues por in:fusta la sentencia, se le restituyeron los honores que goza su des- cendencia. Cessó del todo el marcial furor á las severas providencias del Conde, si bien ya poco antes avian des- via_yado los ánimos con la súbita decadencia del metal y · la z'lnposibzlidad de la labor que se atribuyó á mas que natural injlu:fo castigando el cielo los graves insultos y desacatos á lo sagrado, quando al expo_nerse el Augustí- sinzo Sao (!,mento, por último medio de paz, á los católi- cos pechos corrieron las balas por entre la custodia.J> En aquella guerra civil de mineros no faltó tampoco títere bautizado que suelto de huesos se decía: dar que van dando: buena va la danza y da el granizo en la albarda'. Con todo, aquello no duró eternidad como las horas dél que no ha almorzado y en cuya cocina la sartén no chilla. Proclamada la paz en Puno, el Conde de Lemus, don Pedro Fernández de Castro, aplicó espuelas al macho en dirección al Cuzco, donde hizo su entrada el 24 de Octubre de I 668, siendo recibido por el Cabildo, J us- ticia y Regimiento, con grandeza de palio, entregándo- sele las llaves de la ciudad en el Arco y puertas de ella, con las solemnidades de estilo, y obsequiándosele con varios festejos, cuya narración consta en el libro I 2 de «Provisiones de la ciudad», las mismas que omi- timos trasladar aquí porque no queremos que la tradi- ción salga tan larga como la misa de Fray Domingo. Aunque ·en aquellos tiempos la mesa no alcanzó en política las preeminencias de nuestros días, escusado es decir que los cabildautes prepararon confortable once para el Virrey, donde cruzaron mistelas y pastas en nada parecidas á los «rompe-dientes» y suspiros de mot1:fa del año 85, que son aire y nada más. Regalonas, de peso y de sústancia, fueron, pues, aquellas once, con sorbetes de almendra, cinta . blanca, .flor de capu!í, etc., etc., gollerías, que nosotros conocemos por la descrip- ción de pacienzudos vejetes cuya a..-nistad frecuentamos. Y bien.
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