Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

FRANCISCA ZUBIAGA DE GAMARRA. 199 IIL El matrimonio de don Agustín Gamarra y doña Francisca Zubiaga que tan festejado había sido, y algunos afios feliz; llegó en 1834 á un completo rqmpimiento por causas que no es de nuestro deber publicar; pues, no nos ·creemos con suficiente qerecho para penetrar en el sagrado recinto de la vida privada y ·por que al hablar de personas juzgadas ya por Dios, no d~bemos tocar Ja, funeraria losa que \ las · cubre. Tales investigaciones quizá correspondan á su biógrafo, Los fatales resultados del salto que dió la seiiora Zubiaga en Arequipa y del que hemos hablado ya, dieron .fin á su preciosa existencia á la temprana e.dad de 33 ~ 34 años. Quillota, ciudad distante doce leguas de Valparaiso, lugar pi~toresco por su vcjetación y apetecido por los convalecientes á causa de la benignidad de su clima, fué el lugar que s-eñalaron los facultativos para restablecer la salud de- la ilustre enferma; pero, desgraciadamente no surtió el efecto anhelado, y tuvo que regresará Valparáiso. El Gran Mariscal La Fuente-dice el Coronel .don Andrés Gamarra-le proporcionó un médmo de una fragata de guerra .que acab:¡¡,ba de fondear en el puerto. Este examinó á la señora detenidamente, y opinó que muy pronto terminaría su existencia. _Así faé en efecto, y murió en la madrugada del f> de Mayo de l 835 la admirable cuzqueña cuyas últimas disposiciones son notables. como su vida. IV.. Llamó á su médico y le dijo; unoctor, yo creo que mi mal no tiene ya remedio y que ·camino á prisa hácia la muerte. U., como todos los demas médicos, me engaña, creyendo sin duda afligirme con el aviso de mi próximo fin. Pero, tal suposición es mal entendida: be visto muchas veces la muerte muy de cerca en mi tránsito sobre este mundo, sé que he nacido mortal y que me toca como á toda ·criatura el turno de pagar este tributo á la naturaleza. Con que Doctor, icuántos dias mas puado vivir? dígalo con franqueza. El médico dió aun algunas escusas, pero obligado, tuvo que decir la verdad asegurándole muy contados dias de existencia. La noticia no alarmó en manera alguna á D~ Francisca, y antes bien al contrario, dió las gracias al Doctor. Llamó ese mis,mo diados facultativos mas, y después de oir,. sere~a, esta valiente mujer, la opinión unánime de ellos, les supllcó no djjesen nadaá su servidumbre é hizo sus arreglos espirituales.

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