Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
'· 170 : LEYENDAS CUZQUEÑAS. logrando acallar una tempestad bien disimulada en el alma de la india. · Momentos después salian de la cabaña, Lopez Robledo y Sumacc-soncco, arreando doce llamas· que llevaban una fortuna capaz de contentar la ambición de un Alfonso de Alburquerque: y un bulto, agazapándose por entre los arbustos del camino; seguia la misma dirección de la pareja. Cuando llegáron frente á Kcatachiray se paró la india y habló así:-Este es ·el lugar mas vadeable del río: nosotros no podemos continuar la misma ruta, tanto porque alargándose el camino nos quita mas horas de la noche, cuanto porque en la cerca de la puna vive Warakka mi prometido, que al verme huir contigo podria salir y cometer una imprudencia. -Pues, vadeemos el rio,-dijo Robledo arreando las llamas hácia la ribera. · Se encontraban con una tercera parte andada en la corriente cuando se sintió un ruido aterrador. Era la 1 creciente del rio que, llegando en turbia vertijinosa ce>rriente, arrastró las llamas una trasj otra y env0lvió á Sumacc-soncco, quien en vano imploraba los auxilios de Robledo, empeñado so~o en salvar las cargas de metales, por los que luchaba con los caudales del Vilcanota, haciendo prodijios de valor. Un tumbo de agua gredosa sunierjió por cuarta vez á la india, cuando un hombre se.·arrojó en medio de aquel océano de agua, y después de una vigorosa lucha, salvó á la -ribera opuesta llevando en brazos el cuerpo desfallecido de Sumacc soucco, cuyaJrente,,besó tembloroso, y se puso á contemplar coh sonrisa de indignación aquel negro torbellino de agua que .dejaba verá intérvalos el cadáver de Lopez Robledo arrastrado hácia Urubamba. · Aquel valiente fué el indio Warakka. · . · Once llamas habian sido llevadas por el aluvión: la última . luchaba aún con las corrientes, cuando fué detenida en medio del _rio por una maldición que lanzó Warakka, quedando petrificada para eterna memori~ del amor falso y de la codicia de Lopez Robledo, y siendo conocida por la peña del castigo. y u~lta en sí la hermo~a Sumacc-soncco, y enterada, de la conducta de Warakka, dió á este indio fiel su corazón lleno de gratitud y ricv de esa ternura que es neculiar á las hijas del ,sol. VI. ' La peña del castigo, es sin duda como un libro eterno,
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