Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

168 LEYENDAS CUZQUE~AS. -No temas Wiracocha mio-se apresuró á decirle la india -te has hecho esperar .mucho, hasta que me he cansado, y he resuelto venir á probarte que yo soy de mejor memoria que tú, y que hoy te amo con la misma fuerza de ayer. H~sta mi choza ha llegado el ruido de la sed de oro que sienten los tuyos: yo poseo el tesoro de Ollanta, mi abuelo, .y pen~ando en tí, me he dicho-á' quién sino al dueño de mi amor puedo darle .todo este oro que para mí no sirve' él podrá hacerlé grande, y si ya no me ama, la gratitud hará que me devuelva su cariño.. . , Los ojos de Robledo brillaron con el :resplandor. de la codicia, y se "echó en brazos de Sumacc-soncco, ha~ién<jole protestas de ~ariño y disc~lpándose con Ia:facilidad propia de los blancos.. . · -Echame en cara mi tardanza, castigaime como quieras, hija del Sol, pero no dudes que te amo, y que mi solicitud del presente, borrará lo que tú llamas indiferencia del pasado. ,-Bien, wiracocha, mañana te espero en mi choza y te daré doce llamas cargádas d~ oro para que tú las conduzcas donde · qw.ieras, y después me lleves á vivir contigo, · en cualquier rincen de la ciudad. ) . -Vamos juntos'-interrumpió Lopez-todo lo abandono por tí, y ya ningún poder de la tierra podrá separarme de tu lado. -~o me opongo á tu deseo-repuso la india~pero, como yo quiero que nadie se·pa que te enriquezco con .los metales del ságrado depósito de Ollanta, debo vólver sol~, y mejor esperarte con lo prometido. Con que, hasta la noche. -Hasta la noche, contestó Robledo, que desde aquel momento no pensó mas que en aparejar su caballo para la marcha, y arreglar su daga para un evento. · VI. Serian las doce de la noche·: la india aguardaba tranquila en la puerta de la choza, y un búlto delgado y ajil sacaba la. cabeza de· un hoyo abierto en el fondo de la vívienda, cargando unos pesados petates de cuero que ál caer extremecian el suelo. Ese bulto era Warakka que puso progresivamente en ,el dintel de la puerta veinte y cuatro petates forrados; y al sentir las pisadas de- un animal se dirijió á la india para decirle:

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