Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
FRAILES. 163 mi cariño sin igual! Cuántas te ha dicho mi alma en tod0s los años que te conozco, pero el ali@nto me falta por hoy para hablarte. Mis fuerzas agonizan, me siento desfallecida por los · "' dias de camino sin descanso, y temo que mi sálud no se , mu~stre ~con la firmeza de siempre, desafi~ndo' al róple _y á las , taras-respondía la india -Descan§emos, querida fio~ de. los collados, agregó Esquibel tomando las mano~ de Tt1ca-hnía. .. · En aquel momento llQgaban á la falua de una colina: sen:táronse á la sombra de una peña, silenciosos, pensativos·tal vez, y luego Pedro, recl~nado sobre el seno de suamada se quedó , dormido. . Ese no era el sueño tranquilo de un justo! Su pecho· se levantaba á intervalos con la : ajitación de la pesadilla, y sus labios se entreabrían de rato en rato para dar paso á J;iondos stlspiros del alm~. · · Ttica-hina con tiernísimo mirar, contemplaba aquel sube y baja de la sangre en las pulsaciones del hombre y mas de una vez dejó posar sus labios en la frente ~el español. . , Son tan afectuosas las indias! ~ .+ v. : Entoldábase la ~tmósfera~ Densas y plomizas nubes invadian el horizonte, tornándose negras como boca de lobo. . Iba á desencadenarse una horrible tempestad en los cielos, , pero otra aun mas terrible amenazaba á. la tierra. El vale1~aso Waina Cutiry babia vencido las ~stancias con la pujanza de su andar, y su mirada de águila hambtienta distinguió al pié de la fria puna, el grupo de la india vijilante y el dormido español. Se lanzó rápido como el rayo sobre la infortuna'da pareja, y clavó en el pecho de Pedro de.Esquibel la cuchilla de la venganza. Pedro apenas abrió los ojos solo para terminar los estertores de una agonía veloz. Los alar.idos de dolor que lanzó Ttica-hina llegaron hasta una próxima cabaña de pastores, y el éco se dejó oir en los contornos del camino por donde la casualidad llevaba cinco frailes viajeros que se dirijían al Cuzco. Recobrada del estupor la hija de Cutiry, arrancó el puñal del helado pecho de Esquibel y lo clavó en el suyo cayendo como Ja palmera que troncha el aquilón del desierto. Estaba sin vida! . , Su sangre fué a confundirse con ila de su amante, y su espíritR volaba ante la misericordia infinita de Dio~, sin esperar . la de los hombres!!
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