Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
. ~ (A mi hermano el D. D. David M:atto.) I. Muy pocas fueron las familias ~ndígenas que, después de la conquista continuaron habitando el suelo asolado por el acero español, y las risueñas comarcas del Cuzco, tan llenas de vida y movimiento, habian quedado solitarias como el campo de batalla después del combate. Ruinas de monumentos, campiñas sin cultivo, y casas sin vivientes; he ahí lo que por do quiera se encontraba. Hoy mismo el Cuzco y sus cercanías son lugares en que el viajero busca en vano la huella de una raza extinguida. Una de ~sas pocas familias, vástagos de los Incas, vivia ea una pobre cabaña situada en el trayecto de Urubamba á Ollantaytambo, lugar de los tradicionales monumentos que tanto interés y admiración han despertado en nuestros dias. Constaba el grupo de dos mujeres: la anciana Ousihuanca y la niña CusiccoilUJr. Eran: la madre envejecida bajo el peso de los dolores, antes que á la fuerza del tiempo; y la hija, que aturdida por lai alegría de su edad, ignor~ba el pasado desastroso de sus padres. Podríamos decir que, en aquella modesta, casi miserable choza, moratian el principio y el fin de la vida, personificados p~r Cusiccoillor y Cusihuanca. La una representaba la inocente sonrisa del que todo lo ignora; la otra, la triste severidad del que todo lo sabe. En la puerta de la casita se alzaba magestuoso un algarrobo, • cuya fronda sombreabá las cabezas de la anciana y la hija, cuando sentadas á su sombra platicaban con la candorosa familiaridad que existe entre el viejo y el niño, mas aun entra la madre y la hija. Las miradas de.entre ambas se fijaban tan pronto , en las blanquísimas guedejas de lana pendientes de sus brazos, como
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