Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
/ I EPISODIO DB M,ON A8~ERIO. 12:l :=:::::=:;:::;;:;::=:::s;:::::::========= --~-+-. - .-- _------,,------:: Allí después de los ponches de diversas clases que se sirvieron, púsose_ un almuerzo opíparo, almuerzo de aquellos de ..... mo- nas.tedo! _ Apoyado Bolívar en la licencia que llevaba · consigoJ y que presentó á la abadesa, para pasear el convento la rogó hfoie ~ se abrir la puerta. Esta, que según parece solo de mañana per- mauecia cerrada, se abrió sin necesidad de llave ni de segunda ordeu,.y nuestro héroe se lanzó por los limpios y misteriosos claustros, celdas, etc.·, y también en medio á las variadas flores del hermoso jardín. Pero mientras el libertador hablaba con la madre abadesa muier de ejemplar virtud y muy ,docta en latinidad, Julian Nu· ñez capitau de caballería hq,bíase encargado de sacar de sus trece con palabritas almibaradas á. una joyen novicia, que bajo su alba toca dejaba ver unos bucles medio rizados aunque cor- tos, ojos verdes, encantadores y uua cara tostada por el sol ar- diente, que alumbró á ~os incas nuestros padres. Las palabras del capitán fueron endulzando á nuestra no- vicia, _quien acabó por enamorarse del sujeto y enloquecerla también. Bolívar; se retiró muy contento del convento de Carmeli- tas, y según dicen malas lenguas, tampoco con el juicio cabal, pues su cabez-a que no era fuerte para las bebidas alcoilólicas sentía los efectos de los ponches, aun pasadas algunas ,ho- ras. ' El capitán por su parte salió en disposición de declarar 'la. guerra al convento para libertar á 2u linda novicia. :Pon Simón no debió haber tomado solo, pues á poco de su. salida deoia la abadesa á sus subordinadas-"No sé hjjas mias, no sé lo que tengo, pero llevadme á la celda.'' Estas por su parte, no quisieron ser menos y comenzaron una nueva fiesta en el jardín, .alegrada . con el vino de la sacri "'·- tía. , Dormida la abadesa, solos los claustros, profesas y novicia3 en eJ jardín medio en los brazos de Baco, y teniendo estas últi~ mas las llaves del c9nvento, no eran oportunidades que perdie- ra la de ojos verdes, para recobrar su libertad y amar á su an- - tojo al simpático Nuñez, que ocho días después se llamaba su ·esposo. . Caro, muy caro costó á la abadesa el almuerzo de Bolivarl · Desde entoaces, prohibiendo convites y con<lescentlencias quo llevan al camino de la perdición, ajustó la cuerda á las nov.icia_s., ¡ '
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