Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

ABÍ .PAGA EL DIABLO Á. QUIEN BIEN LE SIRVE. 105 ·=xc-u~::.-=-.-=-=-=-=-=-"=.:::::..-:==--='== - - -:.~-=-·=·--==--.t ..:. ' ___ --=- jer ingrata.: pero ¿cómo vivir sin la mirada de sus ojos, cón10 sin esuchar la armonía de su argentina voz? -~ . · Fuera de sí, casi loco; llegó á su habitación .Y tirando so- bre la-mesa su fiuo sombrero esclamó: ¡D. Francisco de Unzueta! ¡ah tocayo! tú eres,. y ~ontra tí caerá la cuchilla de mi vengan- za.. Mas ...... conviene sosegarse. Sin otras reflexiones tornó á cojer su sombrero, y salió en -camino al palacio Episcopal, y después de bes,ar la mano del Iltmo. Señor Dr. D. Juan Gonzale-z· de Santiago, Obispo XIII. del . Cuzco, le pidió audi&lcia secreta. El Obispo Gonzalez era un varón ejempla.r en virtudes; casi un santo, al m~nos, por tal lo tenian sus Diocesanos, y en tra- tándose ~el sexo débil, ni nombrarlo queria huyendo de -ellas impresionado por lás palabras del Eclesiástico: "á lo mismo va tocar una mujer que tocar un escorpión." Uno de los suplicioR á que lo condenaba al Obispo su cargo pastoral, .era-el tener de entenderse á veces con sus mortales enemigos; pero, era qn , santo, lo hemos dicho, y se ofrecía al sacrificio. ' -Aquí, amado hijo nuestro en J. C, dijo el virtuoso Obis"' po conduciendo al Señor de Castro á un gabinete escusado. Allí, el alcalt1e manifestó á su-Señoria, la gravedad de las cu..estiones de superchería que se estaban ventilando ante el juzgado eclesiástico, y el peligro que amenazaba á todos los in- cautos·, pQr estarse generalizando las consultas á los hechiceros y tambi~n el , número de ellos. , .-Ved, Señor Iltmo., dijo Castro con todo el aplomo, cuán graves van haciéndose estos máles; cuando hasta los mas nota- bles ypertenecientes á la casa del Rey nuestro Señor que Dios guarde, ·ejercen este oficio del Diablo. ,·. .:-A la casa del Rey? interrumpió el Obispo. . 1 . -Como V. S, Iltma. lo oye,. allí está el notario mayor· · Don Francisco de Unzueta que practica la superchería, hacier: · do caer en sus satánlcos lazos á damas de virtud.y nobleza, co- mo doña Luisa de Mendoza y Cisne1~os. - --Don Francisco de Unzueta: Doña Luisa de Mendoza y Cisnero~J El señor me amp~re!1 repetía por tres y cuatro veces el timorato Dr. Gonzalez, y sacudiendo una -0ampanilla. de oro que · se estaba silenciosa sobre una mesa, continuó en voz baja.. ~raves, gravísimos~ ... Hay que poner pronto remedio. Lueg9, dirijiéndose á Castro, le ordenó permanecer en la vivienda en que estaban mientras tomaba la declaración á los acusa- dos.. : A la voz de la caID;panilla, se presentó un familiar que, ni · joven, ni viejo, mauifes~allf ci.ega sumisión Y. respeto hácia su

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