Los ideólogos: José Faustino Sánchez Carrión
556 AUGUSTO TAMAYO VARGAS - CESAR PACHECO VELEZ teorías económicas, que, por el mismo interés de acrecer el tesoro nacional, suelen estar expuestas a errores difíciles de remediarse on el transcurso del tiempo. El Perú, rigurosamente hablando, no ha conocido un sistema de hacienda, a cau a de su misma riqueza, y por la actitud colonial bajo la que ha existido. Así las leyes y reglamentos aislados y cuantas disposiciones se han dictado con respecto al aumento e in– versión de las rentas públicas, han dependido únicamente de la utilidad exclusiva de la antigua metrópoli; porque ésta consideró siempre a la América como una factoría pecuniaria. De cuyo prin– cipio se dedujeron todas las instituciones relativas al Erario, como los estancos, las trabas comerciales y la turba de empleados, que después de privar a la industria y a la agricultura de muchos brazos útiles 1 llegó a formar con el monto de sus asignaciones un grava– men cuyo peso soportaba el resto del pueblo, haciéndose ya una aspiración común el pretender vivir precisamente a expensas de una oficina. La Comisión, si como es encargada de presentar un Proyecto de ley fundamental, debiera contraerse a reglamentar particulares, se detendría en cada uno de los recursos que pueden proporcionar la riqueza pública, fijando al mismo tiempo las reglas conducentes a su consolidación. Mas sólo se trata de organizar aquella bajo sus primeras ba es, entre las que deben asentarse como la principal: que las rentas y productos del Estado deben esta?' siempre en con– formidad con la Constititdón, calculándose los gastos nacionales por los ingresos ordinarios; porque la República no debe disponer a su arbitrio de las adquisiciones de los ciudadanos, ni menos gravarse con dispendios pomposos o inútiles. Sin que por ahora nos deten– gamos en la única contribución, cuya medida depende del examen de datos que nada menos piden que el conocimiento práctico de las fortunas individuales, y de la aptitud que, según el régimen de la República, puedan tener todos los ciudadanos para adquirir con pro– porción a su trabajo; que así se disminuirán en cuanto ea po ible las imposiciones, llegando a ser entre nosotros el máximum de la Hacienda un resultado del fomento que en países bien arregl do' suelen soportar los ramos productivos. Y como Hacienda sin economía nada valga, el Ministro de ella, además de las obligaciones comunes con las otras, deberá atender en su ramo de una manera muy particular. A í a 'l corre ponde formar los planes generales y particulare , lo presupu stos d 0 as– tos y contribuciones ordinarias y extraordinarias; pues que apoyado
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