Drama en tres actos y un prólogo

28 RODIL. en tu seno un puñal escondió. Al i ?stan.te salté de mi pecho ¡qu~ ª?s1edad tan horrible pase! Oprimido, don Cesar, el pecho un ay solo, uila queja lanzé. Cesar . Ah! basta, Margarita: es muy horrible y febril ese sueño á la verdad; pero aun es mas sombrío y mas terrible despertando encontrar la realidad. Yo tambien he sufrido, Margarita, ofensa atroz que pide una venganza.... venganza que á morir me precipita ó que mi honra á lavar tal vez me lanza . Ay! del que aun jóven la esperanza~ierde ! Ay! del que á nadie sentimiento inspirat del infeliz que se retuerce, y muerde la tierra con histérica agonía! Del que en insomnio largas horas pasa , largas, horribles horas de dolor! Del que á la fé como á una luz escasa apagarse contempla el resplandor! Ay! del que adios á la ventura dijo porque el mundo falaz no comprendió ! Ay! del qué tiene el pensamiento fijo en un ayer que para siempre huyó! Margar.Oh! Cesar, tú no me amas; p~nsamientos y no de amor á consagrarme vienes, y de torpe venganza los intentos solo en el corazon guardados tienes. Ya no me ame s á mí; yo que te adoro como ama al Hacedor un querubín, mas que las aves su existir canoro, mas que la rosa el majico carmín. e esar. y o deliraba.... ¿no es verdad? en mi alma audaz la duda penetrando estaba, perdida ya del corazon la calma no de tu amor, del porvenir dudaba . ¿Que no te amo me dices, Margarita , cuando por tí mi corazon alienta, si eres del alma la ilusion bendita

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