Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 65 mo he dicho ya, de gran valía, buena parte de la de libros y folletos de Hermilio Valdizán (cedida después de enérgicas gestiones por la Librería Internacional), las bibliotecas de Ho– rado Urteaga, Fortunato Herrera, Miguel A. Urquieta y otros. Hicimos dar un decreto que creó trabas para la exportación de manuscritos o impresos que tuvieran interés nacional. Vi– sitamos- sistemáticamente librerías antiguas y modernas, ins- .tamos la generosidad o la codicia de particulares y despacha– mos emisarios a provincias en pos de especies bibliográficas valiosas. Una de estas misiones, a cargo de Luis Fabio Xam– mar en Ayacucho, llegó a hacer el "cateo" de buena parte de los libros de la antigua Universidad de San Cristóbal de esa ciudad; y, al fin, logramos obtener los que nos interesaban de ellos. Donantes generosos, cuyos nombres cuidamos siempre de publicar en los diarios, en el Boletín y en las audiciones radiales de la Biblioteca y en la Memoria ya citada, contribu– yeron con aportes importantes. Recuerdo ahora entre ellos, sobre todo (poniéndolos en orden alfabético) a Luis Alayza y Paz Soldán, Ciro Alegría, Alfredo Correa y Elías, Zoila Au– rora Cáceres, Carlos Dellepiane, Jesús Elías, Teodoro Elmore Letts, Francisco Graña, Alberto Hidalgo, Roberto Leguía, Ma– ry Lucio de Jiménez, Guillermo Lohmann Villena, Francisco Mostajo, Fernando Palacios, Antonio Picasso Panizo, John Ritchie, Félix Satler, Remigio Silva, la familia Trou de Mora, Pedro Ugarteche, Alberto Ulloa, la testamentaría Aspíllaga, el Arzobispado de Lima. Los representantes diplomáticos del Perú en Argentina y el Ecuador, Mariscal Osear R. Benavides y Dr. Hernán C. Bellido, hicieron valiosos envíos de obras obtenidas por ellos encabezando al personal de las Embaja– das y a los residentes peruanos. No faltaron las entregas silenciosas de libros, periódicos y folletos de mi biblioteca particular. Me desprendí así de ma– teriales que, a lo largo de muchos años, había reunido para mis estudios histórkos. Prefiero no hablar más de ello; pero sólo agregaré que, años más tarde, se me pusieron dificulta– des para la consulta de esos mismos documentos.
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