Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 59 neas. Así se evitaría el peligro de las pérdidas o deterioros in– salvables en diversas fichas y se haría un enorme servicio a los estudiosos del mundo culto. El catálogo de la Biblioteca Nacional no sólo resultó un instrumento de constatación y orientación acerca del patrimo– nio que en este instituto llegó a acumularse sin cesar. Fue una guía, en múltiples asuntos de carácter único, por no haber en el Perú abundancia de bibliografías generales o especiales. En relación con la literatura nacional superó pronto y en mucho a la obra editada años atrás por Sturgis Leavitt. Lo mismo cabe afirmar en otras fundamentales. Ha llegado ya el momento en que la parte peruana de este catálogo, elaborado en más de treinta años, sea impreso. Se convirtió el catálogo, repito, en una pauta que permitió saber, desde el comienzo, dónde estábamos en el campo de la pro– ducción bibliográfica peruana y sirvió para orientar canjes y compras. Obtuve una confirmación de mi teoría de que es po– sible, aun a las alturas de mediados del siglo XX, erigir una espléndida colección peruana cuando en 1947, en un viaje a Estados Unidos con motivo de la Asamblea Internacional de Bibliotecarios, me fue dable visitar la casa del millonario Les– sing J. Rosenwald, en Jenkinstown, suburbio de Filadelfia. Este personaje fue el hijo mayor de Julio Rosenwald, fun– dador de la casa Sears, Roebuck and Company. Se dedicó, desde los años 1920, a coleccionar libros y grabados bajo la dirección de los famosos especialistas en libros antiguos Phi– lip y A.S.W. Rosenbach y, más tarde, con la ayuda del sucesor de ellos John Fleming. Después de trabajar junto con su padre en Chicago, Lessing se trasladó a Filadelfia para ser gerente de la negociación Sears en aquella zona. La colección que ce– losamente llegó a reunir a lo largo de mucho tiempo fue tan notable que le ha sido posible hacer donativos de gran impor– tancia: grabados a la Galería Nacional del Arte y libros y ma– nuscritos a la Biblioteca del Congreso de Washington. Esta última le ofreció un agasajo en su salón más espacioso en fe-
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