Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

34 JORGE BASADRE tó tal aventurada hipótesis que corresponde a la sicosis de esos días, tan injusta para una colonia tan laboriosa y de tantas cualidades morales. Se divulgó, además, por razones políticas, la especie de que la familia Prado ordenó la catástrofe para hacer desaparecer tales o cuales papeles comprometedores. Tesis atrayente para quienes viven intelectual o moralmente en las alcantarillas; pero que no resiste al examen más ligero. Porque, en primer lugar, después de haber trabajado en la antigua Biblioteca durante diez años con los documentos de la época republica– na, sé muy bien que no había en esa institución (erigida, no se olvide, a partir de 1884), nada que constituyese prueba fe– haciente o definitiva contra el gobernante de 1879. Como ma– teriales manuscritos sobre la República, sólo existían el ar– chivo Paz Soldán y las memorias del general La Puerta, que salvaron por hallarse en el despacho del Director. Ningún otro inédito, sensacional o no, sobre el guano o el salitre o la po– lítica peruana, o la guerra del Pacífico, o los arreglos econó– micos de fines del siglo XIX o del siglo XX, habíase nadie preo– cupado de agregar a las colecciones almacenadas en la Biblio– teca. Claro que en periódicos, o en volantes, o en folletos, po– día leerse multitud de acusaciones justas o injustas contra los personajes, familias o grupos políticos más diversos, del mis– mo modo como defensas de ellos. Por otra parte, cuando des– pués adquirimos la muy valiosa colección de los folletos del doctor José Castañón y Vivero, rescatamos muchas de las es– pecies de los antiguos Papeles Varios y conseguimos otras en Lima, o en provincias, o en el extranjero, allegamos materia– les tan de controversia sobre el geneial Prado y otros perso– najes como los anteriores. Y quien ha manejado fuentes histó– ricas sabe que nunca o muy rara vez en oficinas públicas há– llase confesiones de delincuentes o comprobantes abrumadores que sólo pueden existir eventualmente en archivos judiciales, policiales o familiares, o en poder de quienes realizaron in– vestigaciones exhaustivas de casos concretos. Es pues, en mi concepto, ignorancia de lo que realmente existía en los ana– queles de la Biblioteca Nacional o desconocimiento del carác-

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