Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

III A comienzos de 1943, mi amigo Richard Pattee me con– sultó si me sería posible dirigir un curso de seminario de historia latinoamericana en la Escuela de Verano de la Uni– versidad de Columbia en Nueva York. Acepté gustoso. Buena parte de ese verano en el balneario de La Punta lo dediqué a preparar ficheros de fuentes y materiales de consulta y a hacer el esquema de las distintas sesiones, con el objeto de no verme dentro de las angustias que había experimentado al enseñar en· inglés Historia Latino-Americana, en Swarthmore College en 1941-42. Todo estaba listo para el viaJe a mediados de j~nio y hasta mi pasaporte con la visa respectiva. La Universidad de Columbia había anunciado públicamente mi nombre como profesor visitante en sus prospectos. Un lunes de mayo, al ir, a las ocho de la mañana, a la clase de Historia del Dere– cho Peruano en la Universidad de San Marcos, me enteré que esa madrugada habíase producido un devastador incendio en la Biblioteca Nacional. Tiempo hacía que a pesar de mis de– seos, no frecuentaba ese lugar. En ese momento, la violencia de mis recuerdos y de amargura me hicieron preferir no ver convertido en ruinas aquel recinto que, aparte de su enorme significado para el país, era el lugar donde tantos años de mi juventud transcurrieron. Pocos días después falleció mi her– mano Federico; y, por razón de este duelo, no asistí a la se– sión del Comité Pro-Reconstrucción de la Biblioteca Nacional nombrado por el gobienw después del incendio. Esta Comi– sión se dividió en varias sub-comisiones. Una de ellas, integra-

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