Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

22 JORGE BASADRE Como la Universidad de San Marcos fue reabierta en 1935, volví al Perú a hacerme cargo nuevamente de mis cátedras y de la Biblioteca que varios interesados pretendían obtener, y entregué en la Secretaría General los honrosos documentos sobre mis actividades académicas en Estados Unidos y Euro– pa. Un poderoso enemigo mío, que ocupó el cargo algunos años después, los hizo desaparecer. En la Biblioteca no fue fructífera mi labor desde el punto de vista técnico, por in– vencibles dificultades económicas y evidentes deficiencias del local. Es decir, tropecé con los mismos obstáculos que tu~o Zulen. Pero me preocupé por dar nueva vida y nueva orien– tación al Boletín' Bibliográfico. Gracias a mi iniciativa y con la inapreciable y eficacísima ayuda de Federico Schwab, apa~ recieron en dicha revista listas de libros peruanos editados anualmente, relaciones sistemáticas de artículos aparecidos en diarios y revistas nacionales. bibliografías de autores con– temporáneos, relaciones de seudónimos, etc. Es decir, a partir de 1936 se puede conocer debidamente clasificada la produc– ción bibliográfica en el Perú. Además el servicio al público · lector fue organizado en forma que resultara eficiente y rá– pido. Quedaron atendidas las necesidades más urgentes para los alumnos; pero, a la vez, hubo ayuda a algunos catedráti– cos en sus tareas de investigación. Libros especialmente adqui– ridos facilitaron el incremento en la cultura jurídica de An– gel Gustavo Cornejo, por ejemplo; y Teodosio Cabada pudo dedicar algunas de sus lecciones en el curso de Historia de la Cultura a la obra de Toynbee, cuando ésta apenas acababa de aparecer. Estoy citando apenas dos casos. Podría mencio– nar otros. Federico Schwab, repito, muy capaz y muy activo tradujo algunas obras fundamentales para el Perú o para la cultura en general, con el fin de ponerlas a disposición de los lectores de la Biblioteca; a ellas se agregaron tres traduccio– nes de libros de viajeros franceses del siglo XIX, que hizo Emilia Romero a mis instancias y que varios años más tarde llegaron a ser impresas. En ensayo que publiqué en La Prensa de Lima titulado El sentido de las bibliotecas (12 de enero de 1936) y llegó a

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx