Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
12 JORGE BASADRE maños, de acuerdo con su fecha de ingreso. Conocer su ubi– cación era privilegio reservado a la experiencia y al interés de empleados antiguos. Los escritorios del personal que no atendía a los lectores hallábanse repartidos en la vastedad de cada una de las tres grandes salas. Mi primer recuerdo de la Biblioteca Nacional se remon– ta a los años 1914 ó 1915, sin duda, más probablemente en éste último. Quise ir a leer allí; pero fui rechazado por no te– ner la edad mínima~necesaria para ostentar ese privilegio. En conmemoración del episodio, dispuse que la primera sala de la nueva Biblioteca Nacional abierta al público en 1947 fuese la del Departamento de Niños. Obtuve de mi familia una carta para el Director, que era don Luis Ulloa. Este, con gran bondad, dispuso que se me die– ra una mesa en su propio despacho. Allí conocí a José Carlos Mariátegui, contertulio habitual de Ulloa entonces. Debe ser estudiada la influencia que don Luis pudo ejercer sobre José Carlos. Lo aquí narrado debe ser coincidente co~ las vaca– ciones del colegio, pues recuerdo haber acudido a la Biblio– teca durante las tardes. Cuando Ulloa renunció, por desa– cuerdos con el gobierno de don José Pardo, ya no volví, pues carecía de relaciones con su sucesor, Manuel González Prada. Aunque fue muy breve, este contacto con la Biblioteca Nacional contribuyó a definir mi vocación. Debo profunda gratitud a don Luis por su gentileza y su generosidad. Sólo muchos años después me fue dable conocer su figura inte– lectual. Nacido en 1868, hijo del gran polígrafo José Casimiro Ulloa y hermano de Alberto y de Abel, se inició como poeta neo-romántico; de esta vocación exhibió una muestra en la obra Tres Cantos de la Juventud (1889-1891), publicada en 1912. Pero su verdadero gusto fue por la investigación histó– rica, en la que, como tantos de los hombres nacidos en el siglo XIX, fue un autodidacta. Viajó a Europa con ese motivo y
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx