Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 11 cardo Palma. En los muros veíanse los retratos de muchas personalidades nacionales no sólo literarias, pues estaba allí Pancho Fierro. Dichos cuadros habían sido pintados en suma– yor parte por Luis Astete. También estaban las efigies de Bartolomé Herrera y de Miguel del Carpio, valiosas obras cu– yo autor fue Francisco Laso. Una ley había ordenado que sólo por acto del Poder Legislativo se agregaran nuevos retratos a la colección; y en virtud de ella habíanse colocado los de Ricardo Palma y de Nicolás de Piérola. No así el de Manuel González Prada. La impresión de esta sala, en conjunto, era de dignidad y de decoro, si bien el crecimiento paulatino del número de lectores a partir de 1884 la volvía sumamente es– trecha, pues no se hizo allí nunca ampliación alguna. Un car– tel negaba la entrada a los menores de dieciséis años; y obli– gaba a los menores de veintiuno a ceder el asiento a las per– sonas mayores en los días de gran afluencia de público. Detrás de la reja empezaban las amplias salas de depósi– to de libros, vacías al centro y con bellos estantes de cedro de impresionante color oscuro en las paredes hasta arriba, con un segundo piso que formaba parte de la misma estruc– tura de madera. La primera sala, de 150 pies de largo, 60 pies de ancho y 30 pies de alto, penetraba con mayor pro– fundidad en comparación con el resto del edificio hacia el lado de la iglesia de San Pedro, y había sido antes el refecto– rio de los jesuitas. Era llamada la sala Europa, lo mismo que otra de menor dimensión a la que se llegaba torciendo a la derecha. Seguía luego, hacia la calle Estudios, ya paralela al patio, la sala América donde estaban también los libros y fo– lletos .peruanos; y, finalmente, con dos ventanas a esa calle, una sala de periódicos peruanos encuadernados. En el centro de la sala América, como arca sagrada, des– tacábase un pequeño estante circular de madera, donde bajo llave habían sido reunidos los manuscritos y algunas joyas bi– bliográficas. El orden de los libros en todas las secciones era por ta-

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