Peruanos en el mundo

migración. Paul Gelles es otro colega y amigo que siempre me ha recibido y que se ha dado el tiempo para discutir temas de interés mutuo; a él también mi gratitud. En Bakersfield estoy en deuda con Víctor Flores, quien me introdujo en la vida de los pastores peruanos en California y su lucha por mejorar sus condiciones laborales. Extiendo también mis agradecimientos a Pedro Li, Jorge Luis Placencia, Javier Decarpio y Rómulo Melgar. Asimismo, mi estadía en Paterson, Nueva Jersey, fue breve pero sumamente intensa. Manuel Cunza, Lorenzo Puertas y Félix Araujo me brindaron información útil acerca de la migración peruana a esta ciudad. En España estoy en deuda con Chavica, Charo, Esperanza, Miguel y Amelia Domínguez, quienes no solo me ayudaron a contactar a los peruanos en Barcelona, sino que además me ofrecieron alojamiento y, quizá lo más importante, buenos momentos. Así también, Telmo y Vanesa me arrendaron una habitación en su departamento y siempre fueron muy generosos conmigo. Agradezco a Melvin Samaniego, Ninoska Palomino, Eduardo Evanán y Alfonso Cárdenas. Deseo, por último, mencionar a mis colegas Ángeles Escrivá y Mary Crain por su respaldo intelectual. En Italia, donde solamente tuve breves estadías en Milán, envío mis saludos a Rosa, Raúl y Amanda Mallma, y claro está, a sus padres y hermana en Huancayo. En Japón, Marco y Rosa María Tamayoshi, así como sus dos hijas, Sayuri y Naomi, me recibieron en todas mis visitas. Su hospitalidad fue abrumadora y, por ello, siempre los tengo presentes. Quiero agradecer también a mi amigo Shinya Watanabe, por permitir que me quedara en su departamento en Mito y por ser tan generoso conmigo. Además quisiera saludar a Pilar Aniya por haberme presentado a peruanos que viven en Japón. En Argentina, mi colega Brenda Pereyra me instruyó en los laberintos de las políticas migratorias de este país y me ofreció su agradable compañía. Me encuentro en deuda, sobre todo, con mi difunto amigo y colega Eduardo Archetti, por haberme introducido en los círculos intelectuales de Buenos Aires. Casilda Mallma y Gloria Samaniego también me ofrecieron ayuda. En Chile agradezco a Lorena Núñez, Carolina Stefoni y Francisco Malouf, quienes me presentaron a la colonia peruana de Santiago y me ofrecieron su buena compañía. 7

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