En efecto, para muchos emigrantes, la fe en el Señor es la esencia del ser peruano. La religión ha pasado a ser, entonces, el elemento unificador de su sentido de pertenencia. LA IGLESIA CATÓLICA COMO MEDIADORA Con el fin de organizar procesiones y honrar al Señor de los Milagros, los peruanos necesitan conseguir, primero, un ícono que represente a su protector religioso. Como la mayoría de los devotos coincide en que dicha imagen debe ser una copia exacta de la pintura original custodiada en la iglesia de las Nazarenas en Lima, el primer paso en la formación de una nueva hermandad es reunir dinero para enviar alguien a Lima para que contrate a un artista profesional, que haga una pintura del Señor sobre un lienzo136. Estas reproducciones pueden costar varios miles de dólares, lo que constituye un gasto considerable para unos emigrantes que laboran fundamentalmente como trabajadores mal pagados y a menudo indocumentados. Entonces, una opción más factible es comenzar con una fotografía de la imagen original sobre una lámina, y esperar a que la hermandad pueda costear un lienzo. Otros artículos necesarios para la procesión son un arco decorado que sirve de marco para el ícono, y las andas usadas para soportar y cargar a la imagen. Aunque muchas hermandades comienzan produciendo ellas mismas estos artículos, luego, cuando hay más estabilidad económica, mandan confeccionar reemplazos en el Perú. Del mismo modo, los cargadores, sahumadoras y cantadoras deben vestir hábitos de color morado, similares a los que se usan en la procesión original en Lima137. Y una vez más, dado el gran costo que esto supone, son muchas las hermandades que se procuran sus propias vestimentas, hasta que están en condiciones de pagarles a las costureras de las Nazarenas en Lima. Por último, también se requieren el estandarte que luce el nombre de la hermandad y que se lleva delante del ícono durante la procesión, la campana usada para marcar el ritmo de los cargadores y distintos tipos de adornos para decorar la imagen. Una vez que todo ello se ha conseguido y se ha formado la hermandad, los devotos comienzan a buscar un templo católico para guardar la imagen. Usualmente, un grupo de inmigrantes forma un comité para contactar al cura local y pedirle que custodie el ícono, petición que, según los emigrantes peruanos, es recibida de muy distinto modo por las autoridades eclesiásticas en España, Italia, Argentina, Japón y Estados Unidos. En Buenos Aires, por ejemplo, los peruanos reportan haber tenido problemas 189
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