Perlas y Flores N°18 al N°57
2 da ejercer esa influencia bienhechora con la que puede ser siempre la rehabi– litadora de los errores del hombre, es preciso darle una instruccion sólida y vasta. La instruccion limitadísima que hoy se la dá no hace mas que abrir un abis mo inmenso que lleva al hogar domés– tico el gérmen de amargos sinsabores, de eternas contradicciones y de males infinitos. Ella vé en su esposo una alma sumi– da en el error y privada de la gracia del cielo; él, por su parte, mira con compa– sivo desden aquellos temores como pro– pios solamente de una alma sencilla y de una inteligenoia privada de la luz de la ciencia. De este modo, la union de esos dos séres, lejos de ser oomo dice la Sagrada Esoritura "dos cuerpos con una sola alma,'' son dos cuerpos que llegan á identificarse por sus costumbres y por sus hábitos físicos; pero d0s almas que verdaderamente viven en la mas oomple• ta y espantosa oposioion. Aceroád á la mujer al santurio de la ciencia, para que el1a á sn vez pueda acercar al hombre al altar de Dios. Ella será el foco donde vendrán á con· ciliarse dos ideas que hoy están en com– pleto y abierto antagonismo; dos gigan– tes que luchan encarnizados por des– truil·se mútuamente; dos antorchas que alumbran á la humanidad en su paso por este mundo: la religion y la ciencia. Y de esta conciliacion, de esta union fe– licísima para la humanidad, nacerá el Verbo de nuestra eterna felicidad. La inteligencia de la mujer no es hoy mas que la crisálida que guarda la bri– llante mariposa, que libará el néctar delicioso de las magníficas flores de la virtnd, fecundadas por la ciencia y pro– ducidas á la sombra deJa paz y la feli– cidad de la familia. MERCED.ES CABELLO DE CARBONERA.. ¿ son nrnjo1·es las perlas ó las flores? Á ~I QUERIDA AMIGA Ma-ria Enriqueta Sanche~ Daza. -Las hallas damas, para el seno rosas En los ja,1•dinea del amor prefieren .•• -Tienen espinas que traidoras hieren; Son las perlas sus joyas mas p1·eoiosas, PERLAS Y FLORlnS. Lajeneraeion del Diablo. Segun cuenta la tradioion, al Diablo se le ocurrió ua vez cometer la mas grande de las locuras-contraer matri– monio. Su imperio es bastante dilatado, y aunque no falta.rfan en el infierno lin– das y amables mucpachas que pudiesen hacer aun al diablo uno de los séres mas felices, no encontró, sin embargo en él ninguna que le conviniese. Oonvencido de qua no encoBtraría allí su novia, resolvió dirijirse á nuestra tie– rra, y hé aquí realizado el antiguo pro– verbio de la Bibla: ,Buscad y encontra– reis., Satanás enoontró su compañera entre las hijas de los hombres. La afortunada que d.ió su precios" mano al príncipe del infierno, se llama– ba: Impiedad. Muchos años vivieron los dos esposos en la mas completa felicidad. Un dia, impelido por un acceso de nostalgia, el buen padre se decidió á. abandonar la tierra y dirijirse á su pe.• tria. Como padre amoroso que era, no qui– so irse sin dejar colocadas sus hijas (eran trece como la docena del fraile) y arregló su porvenir de la siguiente ma– nera: La Ambicion, su hija mayor, la casó con un rico hidt.lgo. La Avaricia, con un comerciante. La Brutalidad, con un campesino. La Envidia, con un artesano. La Hipocresía, con un cortesano. La Locura, con un soldado. La Pobreza, fué la mujer de un maes– tro de escuela. La Injusticia. fué la fiel compañera. de un juez (de letra menuda.) La Prodigalidad, formó un par eon un jóven heredero de una gran fortuna. La Crueldad, segun la voluntad de su padre, fué la querida de todo el jénero humano. La Vanidad, se la dejó al bello sexo, porqne no pudo encontrarle marido. La Vengan~a, se la di6 para dote á su cuñada, y La Pe1:ftdia, oomo un recuerdo á su suegra. Hasta hoy, ninguna de las hijas del Diablo ha dejado de cumplir la, volun– tad de su padre, A»lULIT01 1 Nada... t -Sin flores, las mujeres ma,a hermosas Mustios ven sus sncantos, sino mueren. -Con perlas todas adornarse qúieren .•• -En el Harém veránlaa primorosas ••• Te miré! me miraste, despues nada; Sin al fondo llegar de la conciencia, -Las perlas brillan en la augusta frente. Tú leíste ¡indiferencia en mi mirada: -Las flores preconizan inocencia, Yo leí en la tuya ¡indiferencia! --Son las perlas el lujo, la emine11oia. Y sin embargo... no, no pretendamos! -Es la flor graoiayciencia preferente: El abismo sondear de una mirada, De la cuna al sepulcro los favores En ella solo indiferencia leamos; La humanidad recibe de las flores. En el fondo, en elalma... ¡allí no hay nada Los Sombreros de moda. Un químico francés, dedicado espe– cia.lmente al estudio a~ los colores, al ocuparse de la arruonía de los matices con 1·eapeoto á. los sombreros de las se– ñoras, ha llegado á establecer las con– clusiones siguientes: « Las rubias deben usEtr con predilec– ción sombreros negros, con plumas 6 con florea blancas ó rojas. No sientan mal á las morenas, pero no producen en ellas tan bnen efecto CO· mo en las rubias. El sombrero blanco no conviene en realidad mas que á. las mujerei de cútis muy blanco. l'ara las rubias, el sombrero blanco de– be ir adorna.do de flores bland\!.s ó a.zu – les. Las morenas que se empeñan en usar– lo, deberán apelar con preferencia á. las flores rojas y á. las de color naranja. El sombrero azul claro sienta de un modo maravilloso á las rubiaR, sobre to– do si á él se agregan algunas flores blan– cas. Nunca deben adoptarse las flores color de rosa. Las morenas han de rechazar siempre el sombrero azul. Loa sombreros color de naranja no fa,. voreoen á nadie. Las morena.a, finalmente, deben usar sombreros moderados con plumas y flo– res blancas, procurando evitar á toda costa loa accesorios amarillos. ~ Flores del alma. ANTE EL SEPULCRO DE Mi MALOGRADA. ma Maria Angéiica.. Despiértate, mi inol vjdable Angélica, Y abre los ojos del azul del cielo, Que tu padre no vive desde el clia En que cerrólos de la muerte el sueño. Mira cómo el dolor desgarra impío Las fibras todas de mi amante pecho, Y al pobre oorazon ya no le queda Más que exhalar su postrimer aliento; Míra. cómo sin tí mi vida as solo Campo de soledad y amargo duelo, . Sin que haya tregua á. la mortal congoJII En que abrumado de dolor me pierdot... Mas, no tus ojos á la vida tornen, Que.el mundo está de precipicios lleno. Y es mejor que del sueño en que reposas Tu alma. despierte en la mansion del oielo. ¡Tu tierno corazon_; hija _qu_erida, Qué diría al saber mis sufrume_nto~f No es tu patria este valle de ~1ser1as, De espinas y de lágrimas oub1ertol No tornes á la. vida un solo instante; Sigue tranquila en tu mortuorio lecho, Y acepta de violetas la corotta Que deposito en él como un recuerdo, A. DJll LA E. D.1LGAJ>O• Lima, Ootubre 81 de 1881.
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