Perlas y Flores N°18 al N°57

PIIRLA9 W~LORll9® -~-►- SEMANARIO COMERCIAL OBSEQUIADO A LAS FAMILIAS. INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA OIVlLIZAOION, pre infatigables, siempre creyendo acer- pa una página importante! Qué contie– carnos á ella y comprendiendo. siempre ne ese libro? que nos falta aun mucho de esa luz que En ese libro no hay mas qne estas es:-la verdad. dos palabras:-Debe y Ha.her. Sin embargo, no nos alucinemos. La ¡Triste espectáculo! humanidad marcha á su completo desa- El hombre <lel siglo XIX parece que L gran siglo, el siglo XIX, se nos rrollo y perfeccionamiento; pero agobia- quiere avaluarlo todo, reduciéndolo to• presenta triunfante, enriquecido da de enfermerdades que, sino atacan do á guarismos representativos de bie– y sngalanado con todos los pro- su vida, son como las de la infaricia que nea materiales, hasta aquellos que en to– gresos que las ciencias y las artes le han retardan su desarrollo y alteran su sa- do tiempo se consideraban fuera del po- traido en herencia de los siglos pasados lud. der de los números. Bate siglo que las generaciones venida- A curar esas enfermedades y dolen- Habremos de renegar de la civiliza- · ras llamarán el siglo privilegiado, por- cias dabe dedicar sus estudies el hombre cion? creerémos que no hemos dado un que en su primera mitad ya el genio del pensador y bien intencionado, y el le- paso adelante del estado en que se en– hombre le había orrancado á la natura- gislador que mirando por el verdadero contra.han nuestros antepasados? leza sus mas íntimos secretos, para po- progreso de los pueblos, por el progreso Ellos, al ménos se prosternaban á la nerlos al servicio de sus progresos so- moral, quiel'a merecer bien de la huma- salida del sol! ciales y de su felicidad individual, bajo nidad. Oreerécnos que habiendo perdido la la forma de los prodigiosos inventos mo- Para el observador atento, que sepa- pureza y sencillez de costumbres del darnos. rándose por un momento de esa corrien- hombre salvaje, no hemos alcanzado en En él, los obreros de la industria han te vertijinosa que nos arrastra, mire de- cambio nada que eleve nuestro espíritu visto coronados sus esfuerzos por los tenidamente y con el interés del que y ennoblezca nuestros sentimientos? más grandes y fecundos resultados. quiere descubrir la causa de nuestros Para un mal tan grande que amenaza El occeano inmenso con sus imponen- grandes males y largas doléncias; verá invadirnos, ahogarnos, matarnos, qné tes tempestades, las montañas elevadísi- al fin en medio de tantos progresos de remedio le oponemos? Quién se preocu– mas que p~recen esconder su frente en la ciencia, en medio de tanto movimien- pa de él? las nubes, los polos mismos con sus to de la industria, una enfermedad, un Nadie desgraciademente. Nadie pien- eternas nieves, no son mas que débiles cáncer mortal que corroe nuestras so- sa ni en el mal ni en el remedio! barreras para el grande ingenio y pode- ciedades. Ensayarémos analizar este mal. rosa pujanza ·que el hombre del siglo El escepticismo religioso, ese virus El excepticismo no es mas que una. desplega para dominar la naturaleza. moral que ataca las sociedades siempre reaccion fa.tal del fanatismo. Al verle horadando montañas inmGn• que se sienten acometidas por esa fiebre, Donde quiera que las masas se fana- sas para poner en comunicacion, por en por ese delirio insensato, que las mueve, tizan, los hombres pensadores se vuel– medio de sns entrañas, una nacion oon las impulsa incesantemente sin mas fin ven excépticos, y las consecuencias del otra naoion, con una velocidad asom- que alcanzar bienes materiales; que fanatismo no serían tau fatales, si des– brosa; y destruyendo t'errenos vastísi- sienten esa sed insaciable que las arras- pues de embrutecer al pueblo no fueran mos para unir un occeano oon otro oc- tra y parece absolverlas y anonadarlas, á hacer su reaccion subiendo á los pri• ceano, parece que ae hubiera propuesto ein dejarles ni un momento de descanso, meros escalones de la sociedad, para de• borrar la palabra. imbosible, y jamás pu- porque esa sed de oro es el monstruo gradar al hombre hasta ponerlo al nivel diera encoutrar el límite de su deseo. que devora nuestro espíritu, ofusca la de los animales, hundiéndolo en el os• En las ciencias, el hombre encuentra luz de la conciencia, y tortura nuestro curo abismo del exoeptioismo. hoy un campo vastísimo donde la. luz corazon, porque mientras más le damos Para combatir estos malea inmensos b;ota fácilmente bajo el poderoso análi- más nos pide. que nos invaden y parece que van ma- s1s de la razon, y doniie puede enaan• Oon su aliento se corrompen las vir- tando nuestra tranquilidad, no hay mas o~ar el vuelo grandioso de su inteligen- tudes ci"vicas del hombre y se marchitan qne un remedio que á nuestros débiles c1a~ las bellas flores de la felicidad domésti- alcances nos parece t1er el único posible. Coi:i su mirada atrevida, penetra en ca, cuyo perfume no se exhala sino á la Ilustrar á la mujer. el espacio incomensurable; maravilloso sombra del amor y de la felicidad. ¡Cuántos males de gran trascenden- é infinito del cjelo, para pesar y medir Así vemos nuestra sociedad converti- cía se evitarían, si se curara el que he– los astros, ó desciende á las entrañas da en una gran bolsa mercantil. El mos señalado! profundísimas de la tierra, donde va á hombre marcha taciturno, a.jita.do, lle- La instruccion de la mujer es el ene– recojer y estudiar los sedimentos de las vando un libro debajo del brazo. al que migo más poderoso contra el excepticis– generaciones y de las ;razas que, fueron. le pide nombre, gloria y felicidad, del ma de unos y el fanatismo de otros, Y de ese trabajo inmenso, incesante, in- que depende estrechamente su tranquili- Para que la mujer al unirse al hom• fatigable, de esas doctrinas, de esas ideas, dad y su vida; al que consagra todas sus bre pueda combatir por medio de la per– d_e esas luchas, de esos choques, sale fatigas, todos sus pensamientos, todos suasion sus errores, y elevar su alma al rnempre una chispa, que vá á reunfrse á sus desvelos; y las acciones mas impor~ verdadero conocimiento de Dios, es pre• 88e foco; á esa antorcha que dá la luz tantes de la ~ida, no las ejec~ta sin con- ciao _qne él n~ vea en _ella u~ aé1· déb~l, á donde todos nos dirijimos, á donde to. ault arse en el. El amor m1.smo no es sumido en la 1gnoranc1a y privado de ;a '101 v~mos, siewp:t'e e~tusi"stas, aie~• mas 9.ue un pasatiempo, ei eu el i>,o oo~• luz de liifl oienoias, Parai c¡ue ella fUQ•

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