Perlas y Flores N°18 al N°57

. PfflRLA9 Y ~LOR ·· . ~-►..-- SEMANARIO COMERCIAL OBSEQUIADO A LAS FAMILIAS. LA MUJER DE AYBB, LA DE HOY Y LA DE MA~ANA. En los antiguos tiempos so– lia acompañar la virtud á la ignorancia; en los presen.tés, la ignorancia continúa fornen• tarla por la. va11idad y por el vicio; en los venideros, al ca– lo r de la c ivilizacion triunfará el reina.do de la virtud. L título y las líneas que encabezan este artículo demuestmn cual es el tema que me propongo des– arrollar: )as costumbres antignas y mo– dernas han tenido siempre muchos apo– logistas· pero mny pocos la mujer, que aparece' en la creacion en segundo tér– mino ya, aunque marcando ~esde luego . }a. influencia que babia de eJercer en el hombre, en la sociedad y en la familia. Este incontrastable poder, estas ten– dencias incontrovertibles de nuestro se- 10, no le han tenido en cuenta las ge– neraciones pasadas, no le tienen tampo– co la.a presentes, á pesar ~e que nues– tra madre E va se lo demostró bien cla- - ro al hacer comer á Adan de la. fruta prohibida, y ciegos han estado y conti• núan estándolo ante esa verd1:1.d innega– ble, cuando prefieren á, la instruccion, que embellece y adorna. á la criatura, tenernos sumidos en las tinieblas de la ignoranoia. Y esto en pleno siglo XIXc re:fiérome 1olamente á este pequeño rincon de Eu– ropa que ge llama España, donde el atraso es tan grande, que áun le asusta. · el silbido de la locomotora, a.un tiembla ein atreverse á adoptar los adela ntos de otras naciones y marchar poco á poco, tan pronto avanzando como retrocedien– do, con la pretension qnizá de enlazar en una cadena los eslaboues del pasado, del presente y del porvenir. Abramos la hititoria. y veamos en ella las prim eras páginas, ó sea á la mujer paga.na sometida al imperio del hombre; Veámosl o. en perpetua esclavitud siguien– d_o maquinalmente el impulso de rota– c1on que la encadena. á las leyes del Universo: no tiene volunta<l, no tiene iniciativa; el hombre, en sn potente or gullo, se abroga todos los derechos; nin– guno le concede á la que es la. mitad de eu _vida, á la. que oon voluntad y con in• tehgen~ia pudiera someterle á su vez tno-<le1aí11dolo ár JIU l?Oderoso yugo. Ell@f \ pasa por todas las gradaciones, sin co- su inteligencia. que, limitada y pobre, nocer otra ley que la del mas fuerte, y no ha podido ensancharse en dilatados de hurnillacion en humillacion llega hemisferio~; mas no toquen á su cora• hasta los tiempos de Jesus. zon, no quieran apoderarse de sus ins- Aparece el cristiaismo como esplen- tintos. En todos los tiempos, la sensibi- dente anro1·a disipando nieblas. lidad ha sido el alma de la mujer; sus Entre los purísimos albores de esta I paRiones se han extendido bajo el velo religion sacr0santa, se J)resenta Maria, fatídico que envolvía su razon, y de aquí radiante de luz y de ternura; ya no es el vicio con la ignorancia encarnada en la sierva que doblegaba su cabeza al pe- la materia. so de ls. mirada del hombre. Las costumbres, léjos de 1·eformarse, Considerada como madre del Salva- tien<len á un desquiciamiento social. dor del mundo, adquiere una inflnencia Ved la mujer, no iremos muy léjos, en legítima, se levanta de las tinieblas, di- Enropa. Vedla en Roma en una época. sipa los errores, y levanta con ella á la de fumsta celebridad, cuando los Bor– mn ier cristiana. gias. Ve<lla 011 Francia en el reinado de Ha concluido la sierva, ha empezado Luis XV; en Inglaterra en el de Enri– la esposa y la madre su mision de cari- que VIlI; en España en el de Carles dad, de paz y de amor. IV. La sociedad en est::i época ¿era un El derecho de la mujer es ya evidente, dechado de virtud? No. Replegada la. nadie puede negársele; pero todavin. se moralidad y la candidez á las pequeñas le disputa: era necesario qne un mal aldeas, ernn las cortes que acabo de ci– peor que todos los males, que una ten- tar centroR de extragadas costumbres, dencia funesta se apoderase del espíritu donde la mujet· ignorante y llevada de humano: el fanatismo, ese espeotro, mil un fanatismo intransigente era la piecra. veces más horrendo que la antigua servi- fnndnmental da todos los males. dumbre á que la mejer estaba sometida, No podré citar en ella, como en los vuelve á apoderarse del sentimiento fé- antiguo!:! tiempos, ditmas que, á pesar de menino, le enoadeoa, y le someto á la ne• la falta de ilnstracion, tenían vfrtudes gacion de la luz. para guiará sus hijos por el camino de No ha sonado todavía la hora de la lajusticia y de la santidad, siendo buen redencion. ejemplo la. madre de San Luis, rey de Las vicisitudes de los siglos, el choque Francia, y de Sau Fernando, de España, de las ideas, el encaden amiento de las En los tiempos antiguos solía acom~ pasiones, y la natural influencia de los pañar la virtud á la igooranoia. En los sentidos y de la humana organizacion, presentes, la ignorancia contínna fornen~ llegau á formar las costumbres de los ta<la por la vanidad y por el vicio. pueblos. La sociedad se lanza por una La mujer, regenerada por el cristia,. peligrosa corriente, y el espíritu del mal nismo, no ha empezado todavía á ejar• se cierne en los espacios, amenaza nues- cer su noble ministerio; no puede empe- · tras cabezas, y pretende invadirlo todo. zar, ni empezará hasta que el hombre La mujer pudiera neutralizar su perni- acabe de aprender la leccion que le dió cioso efecto; pero la mujer oreada por el en el Paraíso nuestra m1tdre Eva. fanatismo no puede nada: es ciega, es Cuando comprenda la influencia que impotente para contrarestar el mal; su la mujer ejerce sobre él; cuando sienta influencia se deja sentir, no benévola y en su oorazon la necesidad de que esa generosa como lazo de union, cual án- legítima y suave atraccion sea e11cami– cora salvadora, sino en sentido opuesto, nada háia el bien, hácia la. luz, bácia la fomentando el mal con el desbordamien- verdad; cuando desechas lnfl preocupa– to de sus perniciosas ideas y de sus frá- ciones que hoy le embar~an, destruído giles razonamientos. el a.mor prppio que le impide reconocer Nada sabe, nada le han enseña.no, so- tácitamente en la mujer ese dominio, lo á temblar al sonido de misteri osas que siente, sin embnrgo, en el fondo de palabra8 que no comprende; cierra los su propio pecho, entónces, cayendo la ojos, deja obrar al espíritu que la domi- venda de sus ojos, no podrá méncs de na. ::f!l es el braz11, ella el instrumento; reconocer nuestros derechos, couoeder– él la cabeza que piensa; ella la veluntad noslos y decir á las que llama su her• que se dobla y obedece. mosa mitad, ''levántate mujer, yo te Empero no obedece siempre! aigtte el rehabilito; abierto tienes el gran libro do nu:nbo c¡ue 1~ sefi~lau ouando bablP.n i la lll\tui·aleza., aprende; uó estt\rtn 1a.

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