Perlas y Flores N°18 al N°57
Ln necesid1td de esta, separacion en– tre los dos sexos, es de titl mocto sentida de todos, que á las mujE>res se les ense– ña la timidez, como a loi-; hombres se les enseña á tener valor. Los hombres exajeran lu, fnerza y la bravura, nsí co– mo las mujeres suelen exajerar el temor y la debilí<facl. Apelo á. cualquierit qne haya tenido la fortn11a de no ver cut:eabrir la primera flor de su oorazou en la inmuudicia., á que diga si no es cit:l'to qne la primera muchacha que amó devtiras, le parece un sér de una e.specie y natnraleza to– talmente diver1:rn, de las otras y muy su– perioi.· á toda:-.. Ndda. hay en el rnnndo más repng– naute q1rn uua mnjer vestida de hombre. Yo esperímento d1sgustl) invencible por todo aquello que en el movimiento per.. pétuo, en la rutacion de las woda.s, atri– buye á. los vestidos femeniles cualquier punto de contacto con los vestido~ de los hombres. Lo mismo me sucede · ouaudo veo it un homlm.-, ó que pretende aedo, peinnrse cou la raya á la mitad de l1ti cabeza, con los cabellos recorta• dos y caldos sobrs la jre11t~, como lo pres– oribl3 desdo algunos años la más imbé oil de las mo<laa. Las uñas, los cabellos, las cejaH de la mujer no deben parecerse en nada á las uñas, los ct1.bellos, las cejas del hombre. No 1rncederá jamás que una muj0r sea demasiado mujer, ni que un hombre u.parezca, exesi vamente llombre; los ver– daderos ho,nbres no aman sino á las verdaderas mujeres, de la misma mane• ra que las verdaderi•s mujeres no aman sino á los verduderos hombres. Ahora bien: en esta diferencil\ entre los dos sexos está precisamente el eucan– tador imperio de la mnjer, que hoy se fatigan por destruir. Y ¿quién es el ne trata de cometer esa absurda tentativa, ese sacrilrgio? ¡Ahl es la mujer, ¡es el,a mÍt¡mal Estas mujeres quieren despojar á su ¡;;exo de los más lijeros atributos, de sus preciosos donos. Ellas reclaman ]a ignal– <lad entre los dos sexos, suponiendo es– belta.mente, como lo suponen los cicel'O· 11es de tabern$l, que la igualdad consiste en ser todos una misma ooea, ouando no consiste sino en tratar de llegar al mis– mo grado de perfeccion en la parte que fué a.signada á cada. uno por la@ leyes que regulan la vida humana,. Par& que quedasen bien castigadas las mujeres que no piensan sino en mas– culinfaarse, yo rogaria á Dios que las do– tase con unas buenas barhas y 0011 bi– gotes como los del difunto rey Víctor Manuel de Italia. Bonitas quedarían!- ALFoNso KARI\, Un ¡Ay! Oh, qué horrible, qué inmensa, es la amargura, Bi el alwa. en medio de su atroz q nebra.nto Sin llanto el cáliz del dolor a.pura, Porque en la vida es celestial ventnra. Tener siquiera eu la desgrncia el llanto. JVANA M. LASO J)E ELtSPUl\U, PERLAS Y FLORES. La belleza iuterminable. Un poetr .. español, que sabe perfecta– mente donde le aprieta el zapato, ha di– cho en los siguientes versos: Decidme: fa hermosura, La gentil frescura. y tez De la cara. El color y la blancura, Cuando viene la vejez, En qué para? Manrique tiene razon: toda la. httma• nidad está sujeta á la ley fatal de la pata de gallina,· que la. frescura y gentileza de la primavera de la. vida, se marchitan luego, dnran lo qt1e las rosas: el espa– cio de una mañana! Pero, felizmente para nuestras bellas, la ciencia y el arte vienen en su auxilio, á. fin de detener en lo posible, los eRtra– gos que causa en la :cútia, la mano im– plaoable dél tiempo. He aqní une. receta encontrada en nn libró impreso ahora doscientos años, que copiamos textualmente: AGttA SIMPLE, DULOIFIOA.NTE Y BALSÁMICA, para quitar las arruga, de la cara. «Se toma un bnen puñado de cebada, se pone al fnego con suficiente cantidad de agua; Juego que dá un hervor se apar– tA. y se le echa. agua nueva: cuando ésta tnmbien ha.ya hervido, se cuela por un lienzo fino y se le añaden algunas gotas de bálsamo de la Meca. •El todo se pone un una botella, la que se agita hasta que el 1,álsamo se ha– ya incorporado al R.gua; lo que se cono– ce cnando el líquido toma un color tur– bio y blanquisco. <iEsta agua es. maravillosa. para her– mosear el rostro y conse1·varle ~n su ju– ventud y frescura. Con una sola vez al dia que se use, dándose con ella, quita las arrugaq y dá á la tez un lustr e ad– mirable. Se debe tener, cuida.do anteR de servirse de esta n.gua, d e lavarse bien la cara con agua limpia y de agitar la. botella.., Ensayád, mis amables señorita.e, y si el resultado es bueno, a.tribuídmelo; si malo, me lavo las manos como Pilatos. ABRtLITO, ~ Dejádme 8o1a,!... Dejádme sola; humanidad, ctejá.dme! ... Que quiero aislada mitigar mi pena, Ll9rando sola, sin uu Rér_qlte esouohe Como se gime en soledad inmensa, Cuando se tiene desgarrada el alma. Y el oorazon henchido por la pena. Aquí, en silencio, sin testigo alguno, Quiero llorar mis amargm•as cruentas, Oyendo solo el su~urrar del viento Al juguetear entre las hojas secas, Hasta que ePtalle de oongojn.s mi alma O calmQ uu tanto mi dolenci~ aoerba. Mas si alumbrf\ra. de mañana el alba Mi pobre sér entre la. humilde yerba Lánguido, enjuto ó al!lpirante ya· ' Dejánle ahí que desolndo muer;. No lo ayudeis con com pasion hipórrita En su agonía, humanidad rastrera!... Así sucumben en ei mundo todH Las qne nacieron á sufrir sin tregaa• Pagan a.isla.das á la horrible muerte' El tributo fatal de Ja existencia Mientras su espíritu inmortal re~6ntaae Al infmito de la azul esfera. MAURA: Vua.1u Vms&L1, 1Cosas del laplz ! El cuerpo es la casa. del alma 6 Quién puede dudarlo? • El oorazon es sala de recibo• la oabe. za es gabinete de eijtudio. ' La moda. es nuestra arquitectura. ¿Qaé otra cosa es el sombrero 1ino un techo de corto ó ancho alar, aon que la moda ha querido preservar de la in• temperie las moldui·a.s de la fachada? Loe médu,os atienden á ]a poliola del eclitioio. Un calvo es caes de azotea. Un avaro casa de moneda. Un necio, casa sin fondo. Un sabio, casa de varoos pisos ó dt almacen, porque solo así se expbaa aquello de que tiene gsnt, ,n el hAl.con. ó bien, e, hombre d, mttcha traatundtJ. Un ciego ...... casa sin ventanas. Y una suegm, como esa que U. bien sabe, es un muladar que apesta á diet millas de distancia. , ABRILITO. Confidencia. Míra amiguita:-Del bello campo una mañana. cogí una. flor, con el objeto de referirla la triste historia. de mi afiiocion. Y al esoucharme la dar sensible mis amarguras la conmovió á tal extremo, que entre mis manos súbita.mente se desmayó. Mi alma afiijida deshecha en llanto que en sí volviera. rogóle á Dios, y al fin, marchita, triste y sombria, haciendo esfuerzos la flor se irgui6. -«Niña, me dijo, no han comprendido los ego:istas tu aor&1on1 yo sí; y me muero, por que he se~tido lo mas inten!o de tu dolor. Y así diciéndome esa ff or pura, aquella. tierna, sensible flor, dobló su tallo y& moribunda, tembló un segundo, se deshojó•••..• ¡Ahi.. Quié.rl creyera, buena amiguitai que mis martirios de pena atróz, en este mundo no comprendiera ning1u1 hu~ano, sino una 1lorl D-'LIA Va1GAa. VwaAt.1¡
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