Perlas y Flores N°18 al N°57

Mejor me cuadra Para. vivir dichoso Vivir sin alma. Alma, tú que eras blanca. Oomo la. nieve, Sin explicar el cómo, Negra te vuelves. De tan buen negro, Que pareces ser alma D~ un carbonero. Negro el corazon tengo Y las entrañas, Negros los pensamientos Y negra el alma ... ¡Ande. salero! Por Dios que estoy famos6 Para. un entierro, Con que alma. bneu viaje, Que aunque eres negra, Tienes el fondo blanco Y eres muy buena, Mejor me cuadra Para vivir dichoso Vivir sin alma. Y cuando el angelito De la trompeta, Pegando resoplidos, Me llame á cuentas, Pago si debo. ¡Quiera Dios que no vaya. A los infiernos! N AR0ISO SEBRA. ~ La imprenta más grande del mnndo, La imprenta nacional de Washington es, probablemente, el establecimiento de este género más gr.ande del mundo en– tero. En el origen, era propiedad de un par– ticular llamado Cornelio Wendrell, á quien Ja compró el Gobierno en 1862. Antes de esa época., las actas y documen– tos públicos fueron impresos en varias tipografías. En 1859, el señor Wendrell firmó una contrata para hacer todas las hnpresio– ne1J destinadas al Estado, y á fin de po– der satisfacer al Gobierno y al Parla.– mento, construyó un edificio especial por la suma de 100,000 dollars, El ~o– bierno le pago despues por este edificio de 268 piés de largq por 172- de ancho, la suma de 146,000 dollars. Hoy los di– versos edificios de la imprenta nacional ocupan una superficie de ocho arpents. Ouando está abierto el Congreso, s.e oou--pan unos 400 cajistas en los discur; sos de los oradores, proyectos de ley, memorias, trabajos de las comisiones, eto. El Tribunal Supremo de la Confe– deracion, necesita 75 compositores por término medio, y los trabajos ordinarios ouupan unos 70. Los talleres de los privilegios de invencion, cuyos trabajos son más difíciles, emplean 75 eomposi– tores. En el establecimiento hay 65 máquinas ó prensas, algunas de recien– te construccion. Los talleres de encuadernacion, esta- PERLAS Y FLORB . bleoidos en el tercer piso, tienen l tension de un acre de t erreno. Tod . a casa está bn,jo la direocion de un hombre práoti no y circun specto que es un nw' 1 • pun tuR .oion orto lo de órdén y regularida.d. a.ru. tr emitir ' La organizacion allí es adm·"',tic, ' ay ín o o ·imir trabaj andose oon tal rapidez, que dos sor la tecla corres dias bastan para componer, corregir, te marca la rueda i imprimir y encua(leroar un libro de recepto : un signo í 1. 1,000 págnas. pel, Lágrimas y sonrisas. Es la hora íelíz-el niño nace En su lecho de enc~ijes y de aroma.R; La madre, al verle, de placer sonríe: El niño llora. Los días pasan, y la flor temprana Al frio soplo de aquilon se agosta, Mas, aunque el niño al espirar sourie, La madre llora! A. DE LA E. DELGADO, El primer cajista El primar libro plublioado en el Nue– vo Mundo, fué un compendio de la doc– trina cristiana en los idiomas español y azteca, en 1540, Hiendo su compilador el Obispo de Méjico don fray Juan Zuma.– rrague: Cromberger, de Sevilla, sumi• nistró el materistl _ y los operarios, y Juan Pablos fué el primer cajista que atravesó el Atlántico, De ayer á -hoy• • Tan aerea y tan pura, tan vaporosa, Te suponía, que, en mi desvelo, Ansioso siempre de verte, Rosa, Miraba al cielo. Hoy que sé, niña, que te avasallas Y á muchos necios tienes en guerra, Por no pisarte, si en ella te hall'as, Miro á la tierra. SAMUEL V ELARDE Telégrafo impresor. En Filadelfia se verificó ante un nú– mero bastante considerable de capitalis– tas, electricistas y periodistas de distin– tos puntos de los Estados Unidos, la prueba de un aparato telegráfico-impre– sor, de forma enteramente nueva, el cual, segun nos escriben,, verificará una revolucion en el servicio telegráfico y telefónico. _ Los ensayos dieron resultados satis– factorios. Un solo alambre telegráfico ordinario trasmite la coniente eléctrica en ambos sentidos y hace funcionar las máquinas receptoras. La de trasmísion se parece mucho por su forma á una máquina de escribir; La prinaer11, venLa.ja de este sobre el de 'M!'\rP.e es que P.Uede u sin prévio estudio el más ego; la segu da, quo sieudo e.u ~4\m ' tioo y maroándo- ·se lo t1·&~~;t. "~.:. =?: í en la. á-;_uina de tra..mision cJmo a,.1 !a de r oep"'ion, no ha.y lugar á. error; y la i. roo a y muy im– portaute, que los deHpaahos. no pueden leersé e l oído, lo que ase.gura:01 secreto. El sueño. (TMDUClDA. DF. UHLAND,) nn jardín hermoso ,t ~ msntes Ornz;tn a solas, de la mau :dos, Y en medio de las flores se eolinan Oon aire macilento y enfermizo. Se besan las mejill as y la boca Con ardorosos bes.os r epetidos; Eu un estrecho abrazo se confunden: Cobran salúd y juvenile s bríos. Resuenan dos agudas campanadas, Y el sueño se disipa de imp roviso: Ella en la celda de un convento gime, El en la oscura torre de un castillo, MANUEL GoNZALES PRADA. El concierto Enropéo Preguntaba una. hermosa jóven al maestro Auber, qué cosa era el concier• to europeo de que tanto hablaban los periódicos políticos. El maestro le respondió: -Hijf" mía, los acontecimientos po• líticos sigcten al compds de las neoef;lida• des morales de los pueblos. Hay go• biernos que no están en armonía con sus vecinos y se oambian notas diplomáticas por todas partes. El sol alumbra cosas raras en ei,ta. época, y en cuanto á. la. clave de las combinaciones estápendien– te de un sí del poder, Y hé aquí algo del concier~o europeo. Improvisacion. Ambos trovas entonamos, Ambos corona ceñimos, Ambos sin snñar, soñ amos, Ambos sin vivir, vivimos. A tí las horas divinas, A mí los cruentos dolores ... T(1 la corona de flores, Yo la corona de espinás. VfoToR BALAGUEB.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx