Perlas y Flores N°18 al N°57

2 La enseñanza religiosa. (HABLA VioTúR Huoo EN LA TRtBUNA.) Jamás podrá álguien, por culpa mía, engañarse sobre aquello que digo, ó so– bre aquello que pienso. Léjos de querer proscribir la enseñan– za religiosa, ésta es, notadlo bién, esta es, según mi juicio, mas necesaria hoy que nunca. Cuanto más el hombre en– grandece, tanto más debe creer; cuanto más se acerca á Dios, tanto más debe verá Dios. Deber de todos es, quien"ls quiera que seamos, legisladores ú obispos, sacerdo– tes ó escritores, publicar, pensar, difun– dir, bajo todas las formas, toda la.ener– gía, todo poder social para combatir y destruir la miseria, y al mismo tiempo· para hacer levantar todas las cabezas hácia el cielo; dirigir todas las almas, la expectación hácia una vida ulterior, en que la justicia será satisfecha. Di– gámoslo bién alto: ninguno habrá sufri– do ni irijusta, ni inútilmente. La muer te es una restitución. La ley del mundo material, es el equilib1·io; Ja ley del mundo moral, es la equidad, la justicia. Hay una desgracfü en nuestros tiem– pos; diré que casi no hay sino una des– gracia, y es la tendencia de renucirlo todo á esta vida; dándole al hombre por fin y mejor destino la vida terrestre y material, se agrava,n todas las miserias con la negación Je lo q ne es superior; á la opresión de los desgraciados se agre – ga el peso insoportable de la nada, y de aquello que no era sino el sufrimiento bajo la ley del infierno, y de aquí el orí– irnn de las profundas convulsiones socia– leEi. Yo soy, ciertamente, de aquellos que quieren, y ninguno de los que me oyen puede dudar de mi veraeidad; yo soy de aquellos que quieren, no digo con sinceridad, pués la palabra será dema– siado débil, yo quiero con ardor inE:xpli– cable y por todos los medios posibles, mejorar en esb vida la suerte material de los que sufren: y fa mejora mas im– portante es la de darles la esperanza. Oh! como disminuye nuestsa miseria terrenal cuando nos consuela una espe• ranza sin fin-Drns !_ Dios se encuentra al fin de todo. No lo neguemos y enseñémoslo todo: no ha– bría ninguna dignidad en vivir, y todo esto no valdria la pen~, si debiésemos aniquilarles para siempre, si debiésemos eternamente mo1·ir, Lo que alivia nuestras tristezas, lo que santifica el trabajo, lo que hace al hombre fuerte, sábio, paciente, benévolo, justo, á un tiempo humilde y grande, dígno de la inteligencia, digno de la li– bertad, es tener en sí profunda y arrai• gada la perpétua visión del mundo me– jor que brilla al ~través de las tinieblai;; de esta \tida-EL dIELO. En cuanto á mí, ya que ocurre el ca– so de hablar en este momento, y que tan gr¡1.ves palabra.a se escapan de una boca tan poco autorizada, séame permitido decirlo aquí y declararlo-altamente lo proclamo desde esta tribuna-yo creo, t,rofu.u~t\~ente 1 ~reo e~ u~ muudo me- PERLAS Y FLORES. jor• -la eternidad del cielo; en el impE• rio de un sér superior á todos los séres --Drnsl El es piua mí mucho más leal y ver– dadero que esta mísera quimera que nosotros devoramos, que llamamos vi– da. El está constantemente delante de mis ojos. En él creo con todo el poder, con toda la fuerza de mi coovicción, despnés de tanta· lucha, tanto estudio y tanta prueba. El es el supremo consuelo de mi alma. Yo quiero, por tanto, quiero síncera, firme y ardientemente la enseñanza re– ligiosa de un partido. Lo digo franca– mente y no con hipocresía: Yo quiero que el hombre tenga por objeto el cielo y no la tierra; por fin único, Dios, y no la materia. V10ToR HuGo. A la luz de la Luna SOLEDADES, ¡Qué dulce 6S recordar un sér querido A la luz de la luna, en dulce calma., Velando mientras él está dormido, Y enviarle en un suspiro toda el almal ¡Qné dulce es escuchar la melo\Ha De su voz en la brisa que murmnra, Cur n ·o finge fa ardiente fantad li El éco de esa voz y su ternura! ¡Qué dulc~ es departir íntimamente Con el sér que á la luna contemplamos, Y mirar en el cielo trasparente La imáisen de ese sér que idolatramos! ¡Y qné dulce embriagarse en esa hora De suave claridad y de misterio, A la luz de la luna que colora De ilusion y esperanza un hemisferio! ¡Ay! qué dulce es vagar en el espacio Persiguiendo tenáz una quimera, Bislurubrando un magnífico palacio En un mundo ideal, en otra esfera! ¡ Es tán dulce vivir de la esperanza Un venturoso pqrvenir soñando Y encontrarse siquiera en lontananza, La dicha del amor aoarioiandol. ...•• ¿Quién no siente latir violentamente A la luz de la luna silenciosa, El corazon que mira indiferente La luoha de su vida borrascosa? Y es que eieute vivir sus ilusionee Olvidando un momento su amargura Y goza con sus tiernas emociones A la luz de la luna con dulzura Un raudal de sublime poesia A la luz de la luna, inunda el alma, Y el amor, cual riquisima ambrosía, Embriaga al cora.zon en dulce ~alma. Esa luz misteriosa es un consuelo Para el sér que naci6 desventurado, Y vine, cual proscrito en este suelo, A. su suerte infeliz abandonado! F¡¡)LIS• Mosooso va 0& rsa., Contabilidad. '' L ·a a vi a es un comercio donde 1 1 COtn• pramos os p aceres á cambio de 1 f licidad. a 8• E 1 hombre es un deudor á Dios d 1 . fi ·t b fi · e os m_ n~ os ene c10s que de_ él recibe: Dios es acreedor al agradecimiento . t d .:i 'en v1r u 11e que no puede haber deud . d . or sm acree or y vice-versa. La conciencia es el libro diario donde figuran dfo por día las operaciones del hombre. Los errores, omisiones ó partidas mal hechas, se han de s1:1lvar por una contra partida: el arrepentimiento. Porque es sabido que en la conciencia como en el delirio, no puede haber ta• chaduras. La honradez es el verdadero capital del hombre. El corazon es la cajf.\ donde guarda• · moa nuestros tesoros: el amor, la amis• tad, etcétera.. Los desengaños son efectos á. pagar la condición humana. . Para algunas personas el amor y la amistad son dos efectos que deben figu– rar en la cuenta de mercaderías genera.• les. ¡ Ilusión y desengflños l Esto es, ganancias y pérdidas: hé aquí condensada la vida del hombre. Nuestras acciones son el libro mayor, Un extt"acto del delirio. ¡Placeres y lágrimas! Hé aquí el débito y el crédito. La felicidad ó la deE1gracia está en el saldo. Nuestros deberes son pagarées que la sociedad gira á nuestro cargo y que de• hemos cumplir. . E 1 matrimonio es una cuenta é. mi• tad. La clesgracia es el balanoe de la 001;11· probación de las protestas de la amis– tad y adhesión de los amigos.1' Flores y Estrellas, EN LA. MUERTE DE LA lU:RtTA MARÍA ESTER DE~GADO DE LA FLOB. ¿Qué importa que los prados y jardines Tengan mil flores de perfume excelso, Y que radiantes brillen las estrellas En la bóveda azul del firmamento, Si tú, más qué esas delicadas.ftores Y que los astros vívidos del cielo, Dichosa entre millares de querubes Habitas junto al trono del Eterno? PLoR perfumada, refulgente :EsTBELLA, De esta vida infeliz en el sendero Un instante no máis, bri1laste hermosa1 Y á la etern~ mansion tendiste el vuelo!.• ¡Ah! si al vel'te subir corno un a,rcá.ngeli Por tu ausencia del mundo hicimos duelo, FLOR inmortal, inlllaculada EsTBILLA, Hoy que eres tan feliz; no llora.remos! A, J>B LA E. DILiAOO

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx