Perlas y Flores N°18 al N°57
LA TU:llRA DE JULIETA. \ donde reposan reducidos á polvo los huesos de la desdichada amante de Ro- A L visitar á Verona, quién dejará meo, pero no es así. Una calle cubierta de recordar que dentro de los de parr1:1,s conduce al cláustro del con– muros de la antigua ciudad del vento donde se halla el llamado mau– Véneto se desarrolló aquel sublime poe- soléo de Julieta. En el fondo se vé un • ma de amor, inmortalizado por la musa sarcófago vacío; en las paredes varias de Shakespeare, y conocido por los inscripciones sin interés; una corona de nombre& de sus héroes, Romeo y Ju- flores deshojadas, dos ramos secos y un lieta? libro, para que los visitantes inscriban En los márgenes del Adije, tuvo prin- en él sus nombres: es todo cuanto allí cipio y fin aquel famoao drama. Los existe. Capnl~tos y los Montescos, separados Cuenta la tradición que Julieta fué en• por las disensione'3 que durante tantos terrada Gn el convento de San Francis– años dividieron los pueblos y las fami- co, c;uando el religioso le dió el narcó– \ias de Italia, eran patricios de la Re- tico que la hizo pasar por muerta. Al públicá de Verona. Aún existe la casa volver Romeo á Verona se envenenó al de los primeros en una de- las calles de pié de la sepultura, desenlazando ese la ciudad, llamada hoy San S0basticin; drama de amor y de lágrimas del que pero que conservó por mucho tiempo el resultaron dos cadáveres. nombre de aquella histórica familia. El espacioso sarcófago que aparece en El escudo de armas colocado sobre la el claustro, no conserva los restos mor– puerta central, convertida actualmente tales. Está abierto y vacío. . en la entrada de una taberna, y la ins- Dispersos tal vez por la indiferencia cripción puesta por la municipalidad en pública, en medio de los conflictos y lu– la fachada, indican que aquella es la ca- chas que se sucedieron en Italia desde sa de J ulieta: la casa en cuyo balcón, la el principio del siglo XVI, época en que apasionada y gentil doncella, esperaba vivieron Romeo y J ulieta, nadie sabe á ansiosa, frenética de amor, la venida de dónde han ido á parar. La piedad qut los su adorado Romeo. reuniera en la misma tumba 110 ha po- . Para prestar un homenaje á la memo- dido hacer respetar la sepultura. ¿Qué ria de los amantes de Verona y al pode- mano impía habrá arrancado de su le– roso génio de Shakespeare, nos dirijimos cho mortuorio aquellos dos esqueletos? á visitar la llamada «Tumba de Julieta.» Nada se sabe sobre este punto. · Sin em~ Si los grandes hombres, si los carita- bargo, el municipio de Verona conserva nea ilustres, merecen que se consigne respetuosamente el sarcófago, en la .cre– sobre su sepultura la admiración de la encia, de que en él fueron sepultados los posteridad, ¿por qué no se ha de rend1r cadávere1:3 .de los dos amantes. el mis_mo tributo á esa mujer sublime, ¡ Pobre Julieta 1 ¡ Cómo supo tu cora• que hizo de su amor una de las mas zoo llenarse de poesía y de pasión en grandes y hermosas epopeyas del cora• estas ardientes regiones del _Mediodía, zón humano? bajo el hermoso cielo de Italia! Más Las mujeres que saben amar tienen nunca llegaste á sospechar que tu sepul– ta.mbíén dericho á la estimación de las ero sería mostrado á los viajeros, no en– gentee, pués esa es su principal misión tre olorosas flores y melanoólicos sau• sobre la tierra. El amor oonstituye toda ces, sino entre ruinosas paredes y pro– BU existen.cia+ Por el amor viven, por el sáicas porta.lizas. amor educan á sus hijos y por el amor Un inglés, uno de esos hombres e:xcén– ile elevan á las regiones donde la pasion tricos hijos de la nebulosa Albión, para toma las formas del heroismo. quien todavía la religión del amor no es una mentira, vino un día, romero piado• inl recinto que ocupaba el derruído so, á depositar una corona de flores so• ~bhvento de San Francisco, se halla bre tu tumba v un escrito en el que convertido en un miserable huerto. evocaba tu memoria, ¡ oh cándida Ju– . , Nadie llega á sospechar que haya po- 1ieta 1 dido conservarse en tal sitio la sepultu- En el perfumo de aquellas flores te ra de la cándida J ulieta. El viajero cree enviaba el homenaje de su corazón. Las que ha de enoontra:r sobre alfombras de florea se secaron; pero allí están toda• flores, escondida entre rosales, al borde vía, asi como el escrito. Más tarde, dos 11• \lR. l:Qel~:ucólioo .ar>:o¡uelo, la, tumba l\ilW"ij ~e~ijibleli ooloQitO~ Qij el ~~oótf'1i 0 , . go variados ramos que también Ele· mar– chitaron. ¡ Y no hay en Ver.one, una ma– no piadosa que cultive unos rosales al pié de tu sepulturjj,I . Ese sarcófago, dondereclinaste tu pré- . c10sa cabeza al lado de tu Romeo, biétl • merece estar oubierto de flores; Ja ·ma– dre-selva y el púdico jazmín deben em- . balsamarlo con aromas deliciosas como el purísimo perfnme de tu amor. ¡ Pobre Julieta I solo después de rhu_er– ta lograste descansar al lado del ea.; poso de tu corazón, Ya nadie se ocupa de tí. ¡Nadie! · El hortelano que custodia el huerto donde se· halla tu sepulcro, bi siquiera comprende lo ·que fué tu amor, ese 1,1mor inmenso, cuya memoria conservan cori. religioso respeto todas las generaciones que el gran Shakespea.re inmortalizó eri. la escena, y en que tan profundament'e · se inspiró también el sublime génio de Bellini. , A. DE ÜLIVEIRA• La belleza inmortal A UNA AM1GA. ¿Has visto, gentil doncella, Cómo en las ondas de plata Del lago azul se retrata ·t · El semblante de una bella? &Y luego, cómo ligera La_ brisa el espejo mueva Y borra con mano ale~e Esa imágen hechicera.? Pues no de distinta etiei'tét En nuest1·a existencia, dura . De una mujer la hermosura. Que borra un soplo de muerte, Que el más hermoso semblantet Sus gracias, sus bucles de oro, Son cual la luz del meteoro Que brilla solo un instante. Y de la vírgen soñada; Del rostro más . ponderado, No queda sino un puñado De cenizas, polvo.... ¡nada! Solo del alma ¡oh consuelo! Ln,· belleza es permanente, l>u'es brillarái eter~amente E:o. lafl regiones del cielo! G~~;i¡¡~iu-.A :F Afi ~J ~li:Vlt. t~ 1 1 I 1
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