Perlas y Flores N°18 al N°57

2 Brev:e rato tardó en proseguir el in– terrumpido concierto. De la obertura de Lohengrin pasó el inconsiderado e.migo á la ·ae Tanhauser, y acaso me hubiera obsequiado con todo el selecto repertorio de Wagner, á no ser que le llamé de nuevo: Pepe ... Pepito... Pe ... -Véte en noramala, hombre, que no me dejas dormir. Ahí te_ dejo tu cama y tu casa! Levantóse airado, vistióse de prisa y se marchó. Hasta el sol de hoy. Buen amigo, excelente mancebo; te he perdido para siempre! ¿Qué vamos á hacet? Estos nervios! Viene ahora á mi recuerdo Paco San– chez, el mozo mas cabal que he conoci– do en la tieqa. Una perla el mucha– cho, pero se comía las uñas. Oon disi– mulo comenzaba por llevarse el dedo á la boca, así como quien se acaricia el bozo. En seguida la carcomida uña en· traba voluntaria al holocausto; rasgá– base la carne, corría la sangre, y mis pobres nervios parecían que iban á es .. tallar. ¡Qué suplicio! Al fin pudieron más que mi prudencia esos filamentitos invisibles, y me hicieron saltar sobre el vorás antropófago y arrancarle de los dientes aquella su propia diestra que se comía cruda y á. pedazos. ¡ Pobre Paco Sanchez! Si el inocente afan de devo– rarte á tí mismo te ha dejado siquiera una sola mano útil, á ella alargo yo la mía para implorar tu perdón. PERL.AS Y FLORES. auras de orill~ que son las únicas que por allá suelen hacerse cargo de tales prebendas, hacía de bija del zapatero, y en su trasporte amoroso olvidó las erres que se le habían enseñado, y nos espetó la siguiente cuarteta. Cuando ese hombe amod me juda, Lo juda con tal pasión Que obliga á mi codazón A cred en su impostuda. Desgañitóse en risas y gritos el audi– torio pero yo me enfermé. Aquellas er– res se clavaron todas, como tachuelt:\,s negras, en mi sistema nervioso, y no me fué posible volver á las tablas. ¡El Rey! ¡el Rey! clamaba el público, vien– do qne el fiero Don Peclro nq salía. De– trás de bastidores estaba yó,· y .... allá vá corona de cartón dorado, allá vá ca– pa de pañolón carmesí, alla medias blancas de muger, y allá de la Verónica prestados canelones. Toda la réjia pom– pa de que estaba yo vestido quedó allí por los suelos, y yo me fuí á casa, en– furecido, crispado, hecho un basilisco contra aquella desdiehada que me ha– bía asesinado en cuatro versos. ¿Y qué decir de las veces que en ban– quetes oficiales ó en comidas caseras be renido por delante á 0onvidados inicuos y que me han mortificado ha1sta la crueldad metiéndose el cuchillo en la boca y sanándolo entre los·•dientes. ¿ Y otros que creían indispensable á la mas- Aseguran que la falta de la letra R ticacióu el sonar las mandíbulas á se– en ciertos meses del año_ enflaquece y mejanzA. de ese domé~tico cuadrúpedo enferma á las ostras. Lo propio me su- al cual no miento ahora porque niogn– cede á mí cuando oígo suprimir ó falsi- uo de los cuatro nombres qu& darles so– ficar el sonido de esa consonante. lemos cuadra bién en un párrafo media- - 'Permítame usted, hermosa niña, namente literario? que ofrezca á usted,. este vaso de sangría, Y nada diré tampoco de aquellos de dije en cierta reunión de familia á una· verá personas que muy bién sabido se agraciada muchacha que acababa de tienen que no existe comunicación prac– llamarme la atención por su modesta, ticable entre las fosas naeales y la ca– belleza. Tenía yo diez y ocho años la vidad del cerebro, y que no embargan– edad del recocó· en el pañuelo y en la te esta conicción a:aa.tómica se ejercitan galantería, y añadí.-Es u~ted en ver- dü,t{aídos en echar el índice por esos dad, señorita, la flor más galana de este pasaclizos de la respiración como si tu– pensíl... viesen empeño en tocarse los sesos. Y Abrió la niña ·1os lindos láhios, y por tenga usted nervios y vea usted eso con ellos dejó escapar el siguiente invero- sangre fria. símil vocablo: Y á méuos que fuera una apergami- -Favol. ....... , , , n_ada_ momia e~ip"cia, sin se~sibilidad y Esa ele fatal me atraveso la ep1der- sm vida, ¿pudiera sopoi:tar impasible á mis y fué á herir mis nervios . . Flaqueá- los que se suenan las coyunturas de los ronme las piernas, temblarónme los dedos, ya en entretenido fuego granea• brazos, y la fuente, y la copa y el li- do, ya en descargas .cerradas de todos quido cayeron sobre el traje ele la da- los diez mandamientos á la vez? Y los ma. A su lado estaba la madre. El de- que mientras uno habla remedan con ·fecto de pronunciación era defecto de sus muecas todos los jestos de nuestra familia, porque al notar mi adefesio la fisonomía; y los que para hacer cual- buena señora exclamó: quiera manipulación, para abotonárse --¡Qué horrol! un puño, para formar. el lazo de la co1·- Sentíme caer y cai, sentado sohre un bata, para atar la faja del paraguas, gordo que en un sillón vecino estaba etcétera y etcétera, sacan á lucfr dos repantigado, entretenido en · cerrar y pulgadas de lengua¡ que luego muerden abrir el abanico de la infeliz doncella. á proporcion que aprietan, hasta imagi– Boi:;npióse el abanico, enojóse el gordo y narse uno que vá á oaer al suelo el pe– yó quedé confundido. Estos malditos dazo rojo, amoratado como remolacha? nervios. El mundoi dijo cierto macbetún de mi Zagalejo era yó, cuando en una so- país, es el de los audaces, ciedad de aficionados se me adjudicó el El mundo, digo yo, es de los que no papel de don Pedro de Castilla en el tiene11 nervios, . drama de El Zapatero y el Rey. Una ,UQiH\ del ¡ueblo, ui;ia, de esti\ij herwo- NloAwo~ BoLET l?EB4i4, ¡ ¡Cleopatra!t A ARTURO VILLALVA. I. Se du?e el esple~1d-0r de la hermosura. de la rema d~ Eg1pto magestuosa; y e1; braz_o,s ~el placer vive y reposa, . a.mandose a s1 m·sma con ternura, Apurar el deleite es su locura· del Sacro Pindo apellidar~e Dio~a• plagiar sonrisa~ en su faz de rosa' y en lecho de marfil soñar ventur~. Ma~ aquella mujer tan peregrina~ que vierte perlas con gracio!ilo alarde al César con sus dotes no aprisiona. ' Tan solo Marco Antonio, alma mezquina. se ,deja seducir como un cobarde, y a la beldad depone la corona. II. En alcázirr de ma.rmol opulento, entre las perlas. y fragantes flores, apura la ilusion de los amores, mientras que brama proc~loso el viento. Mas turba del alcázar el contento de Febo á los brillantes resplandores; de los triunfos de Angústo los rumores, y que al fin se aprnximaentalmomento. Tiembla la reina; y de pavor transida, con nervioso afan un aspid toma, y Marco Antonio sin piedad Ee hiere. Antes que exclava ser rinde la vida; ¡por no servir de diversión á Roma, · la pica un aípid!. .. ¡y ÜLEOPATRA MUETE! FEDERICO FLORES GALINDO. La Estrella Polar. MARAVILLAS OELEf:TES. La luz de la Estrella Polar emplea mas de 42 aflos en llegar á nosotros, de suerte qne los que actualmente la ven es como era hace 42 años. La jóven prometida, que confía á la, bella estrella Polar las inquietudes Y es■ peranzas de su corazon, habla á un ra• yo de luz, lanzado por aquel astro an• tes de que ella naciera; , su madre era todavia muy niña cuando este rayo de luz fué emanado por el astro; y cuando el anciano, reg0biado por el peso de los años, levanta. los ojos al cielo y con• templa la Polar, "\'é ~a estrell_a con• temporánea, de su ardiente y vigorosa juventud. . La distancia que nos separa de ese le• jano sol, es tal, que en un tre1;1 ~xpreso imaginario caminando 60 k1lometroS poi· hora ( L4 leguas) llegar al sol en 266 años y para llegaría á la ?oJar ta.r• daria millones de afios. ¡Cuales no de• ben ser el volúmen de este sol y la gran• deza de su sistema, si el mentir de las estrellas no es un seguro mentir! CAM1Lo FLANG~Áaioi,

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