Perlas y Flores N°18 al N°57
PmRLA13 Y ~LOR~l3® -~t~- .. . SEMANARIO COMERCIAL OBSEQUIADO A LAS FAMI Año II. PERLAS Y FLORES. · ~ON el presente número, en– ~ tramos en el segundo se– mestre del año segundo de nues– tro semanario, congratulándonos sobre manera de haber cumplido hasta ahora el deber que quisimos imponernos, cuando en Setiem– bre del año próximo pasado de– cíamos que: era nuestra misión llevar al seno de las familias los anuncios comerciales de general interes, sin que el lector fuera obligado á pagar una suscRICIÓN MENSUAL más ó rnénos onerosa. Y no tenemos, en verdad, por qué arrepentirnos de ello; pués, habiendo merecido nuestro sema– nario la confianza del comercio peruano, así como el de las fami– lias notables que componen su más culta sociedad, hemos po– dido llegar firmes en nuestra ár– dua labo-r á la fecha que hoy con– tamos. Nos congratulamos por ello; agradecemos sínceramente el fa– vor que el público nos ha dispen– sado y prometemos continuar por la misma senda empezada, con– tando con la decidida protección de nuestros favorecedores. Y tenemos la firme convicción de que nuestro semanario '' PER– LAS Y FLORES" será el único ór– gano comercial que en el Perú, preste todas las garantías de in– d~pen~e.ncia, progreso é inmensa circulación en el país y el extran- jero, -correspondiendo lealmente á los fines que, al erhprender su publicación, nos propusimos. · Con este motivo, saludamos afectuosamente á todos nuestros !avorecedores y, en general; al ilustrado público de Lim.~. Los ~DilOll.lile. Sábado 4 Mis Jágl'imas. Del abundoso Sen1t entre las ondas Mis lágrimas se ván, A ocultar la amargura de mis penas, En el fondo del mar; En el fondo del mar, donde las perlas De mejor calidad Les darán un asilo, entre los mnros De sus conchas de sal. Mis lágrimas! la hiel de que destilan Jamás se encontrará En el amargo cáliz de la adelfa Ni en las ondas del mar: Son del dolor la sublimada esencia, Las lavas de un volean, A torrentes brotando de mis ojos, En mi triete horfandad. Y no encuentro una mano cariñosa, Ni un sér angelical Que venga de mis párpados el llanto, Compasivo, á enjugar! ...... Ay! cuantos seres como yo en el mundo Sus penas llorarán, Sin que la hermosa filor de la esperanza Les sonría jamás! Lágrimas mias que amargais del Sena Las ondas de cristal, Y llevais de mi vida las congojas, Hasta el fondo del mar, Si, al llegar de ese abismo á. lo profundo, No habeis de tornar más, Suplicá.d que otras lágrimas el cielo Me envíe por piedád. LuoILA MoNROY DE FLoREs. No hay que imaginarse por eato que soy persona que se desmaye porque de– lante de mí le rebanen la cabeza á cualquier prójimo. Hombre soy de los de pelo en pecho, y como la cosa sea gorda, la afronto. Mis nervios entónces se templan y engrosan, y pudiera de– cirse que todo mi cuerpo se vuelve múS• culos. Mi especialidad consisto en lo pe– queño, en lo diminuto, en lo que otros ni siquiera paran mientes. Un zapato qne cruje, un gozne que rechina, un tenor que dá gallo, un violín que rasca las tripae, un orador que no acierta con el hilo de su discurso, un hablador que no deja meter baza, un tartamudó que masca la palabra, un bizco gue mi– ra por carambola, son cosas que me sa– crifican, que me revientan. Los amigos más caros á mi corazón los he perdido por causa de esa maldita idiosincracia. Uno tenía, por quien hu– biera dado gustoso la vida. Amistad de diez años, pruebas mútuas de cariño, bfl.crificios desinteresados, todo se lo llevó Pateta en una sola noche. Por la primera vez dormimos juntos en la mis~ ma pieza aunque en distintos lechos. Antes de irnos á la cama fumamos un puro, echamos un párrafo, dímonos las buenas noches, y venga el sefüor Morfeo. ¿Morfeo dijiste? Ni por pienso. Al CS:tbo de un instante mi amigo comenzó á re– sollar grueso, como quien prepara un fuelle de iglesia para entonar vísperas en el órgano; luego dejó escapar de su garganta unos registros en recalcitran• tes escalas cromáticas, pausa de semí• nima, y de repente un tutti á grande orquesta. Flautas agudas, cuernos gra- Los nervios. , ves, trombones profundos, oboes qu~ jumbrosos; ¡qué concierto más com .. pletol -Pepe, Pepito, Pepillol Despierta, chico, que estás roncando. Peso ciento ochenta libras inglesas, mido cinco piés y ocho pulgadas del ta• Ión á la raíz del pelo; y en mi casa se vende más salud que en una farmacia. Cualquiera, al observar la cuasi berme– ja color de mi téz, juraría que ella es efecto de estimulantes, cuando es la verdad que ni el zumo de las parras, ni los alcohólicos fermentos entran ja,rnás en mi reino. En una, palabra, soy lo que un agente de seguros de vida lla– maria u.n buén riesgo. Pero vaya ustecl á fiarse de aparien– cias. En oposición á estas saludables condiciones de mi naturaleza padezco un achaque in~ufrible, que- me haoe dee¡raci~do, ';I:euso ~ervioia, -- ¿De veras? Pués es extraño, porque nunca ronco. Será qne estoy_ echado sobre el corazón. Y se volteó del lado del hígado. , Silencio de algunos minutos. A poco rato nuevo soplar de fuelles, probar de instrumentos, afinar del la y da capo al sir}110 con redoblac1o furor y apresurado compás de allegro vivace. -¡Pepe ... Pepito... Pepillo ... Pepete! -¿Qué es, hombre? -Que vuelves á roncar, querido, . -Será á causa de la almohada,- X volteó 1~ ttlmolll\da.,
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