Perlas y Flores N°18 al N°57
mporada de amor y de g0cea de todos os momentos; en el reloj que suena co– mo la campana de agonía, en el silencio de los dos condenados, que careciendo de tiempo para decirse todo lo que sien– ten, no quieren ofender su mútua deses– peración diciendo demasiado poco: pen– aa<l en la mirada intensa, profunda, atónita, desconsolada que dirigís por última vez á la persona querida, en el ronco ¡adiosl que abre un abismo entre nosotros, en el postrer apretón de ma– nos que consagra. el pacto de vuestra eterna desdicha! Ya os habeis separado, y aún tendeis los brazos el uno hácia el otro para acortar así la distancia qne media entre lo pasado y lo porvenir. Surca las ondas el barco que os arrebata vuestro bien, vuestro tesoro, vuestra delicia ... El adios hablado se pierde ya en la estensión sin llegar á los oídos ... Las oscilaciones de las olas rompen la travazón de las mi• radas ... ¡Ya no distinguís el rostro que habei-a contemplado tantas y tantas ho– ras! Ya confundis el nontorno de su ado– ta,do cuerpo con los objetos que la ro– dean ... Ya la creía perdida ... perdida para siempre!. .. - El corazón se des– ploma helado en el fondo del pecho, co– mo un cadáver en su sepultura... Pro– tumpe al fin, la fuente de un inacaba– ble lloro... La soledad os ahoga. entre sus brazos de hierro ... Vais á morir... Entónces veís ondear á lo léjos un pa– ñuelo blanco ... ¡Es ella! ¡Es ella/ ¡ella otra vez! Es sn voz, es su mirada, es su beso, es su corazón, es su alma, que os visita de nuevo ... -Asi vivís otros fu. gitivos instantes ... - Pero cuando el pañuelo blanco se reduzca, se achique, se atenue, desaparezca completamente en alta mar ... perded toda esperanzal– ¡Las puertas del paraíso se han cerrado detrás de vuestros pasos! Más si teneís un pañuelo, él será vues– tro paño de lágrimas. PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN. Lo que me enamora. Nada digo á tu pié, nada á tu frente, Nada del tinte de tus labios rojos, Y nada de la gasa transparente Del cielo azul ele tus azules ojos. Yo no sé si me encanta tu figura; No es cantar tu belleza lo qne anhelo, Que es rauy débil mi voz, mi lira impura. Para hablar con los ángeles del cielo. Mas hay en ti une. cosa qué fascina Mi ideal, mi ilusion y mi sentido, Tentadora, fugaz, leve, divina,, ~n piélagos de amor mundo perdido. Tu rubia cabellera es lo que ado1·0; Ella alimenta de mi amor la llama, CLtando en tu seno como lluvia de oro Sobre campo de nieve se derrama. Risa.dos copos• Airosa gualde, ~Qbre tu espa1d, PERLA~ Y FL01i:E1S. Como la nieve Bfonda se mueve, Y al soplo leve Del aura leda Como la seda Se desenre<la, Y en el trenzado Y el movimiento Se va enredando Mi pensamiento. Sigue la ruta. De tus destellos, Dénle una gruta. Tus rizos bellos Donde ae esconden los corazones; Que est~n en tus cabellos Mis ilusiones. Esto y mas, prenda mía, te dijera Al jirar de tus rizos seductores; Al caer de tu rubia cabellera. Oual manto que desciñen los amores. Pero temo que llegues á. enfadarte Y al ftu escucho de tns labios bellos, Que manera tan nue'\7a de adorarte Es cojer el amor por los ca.bellos. RAFAEL SERRANO ALCUZAit Cateci8mo. -Deoídme niña, 6 sois amante? -Sí sefíor, por obra y gracia de mis pocos afi os. -¿Qué cosa es ser amante? -Es querer mucho á un sugeto que lleva patillas y bigote; que escribe co– sas en los periódicos, que tiene los ojos negros y el chaleco blanco, y que se llama hornb1 e. -¿Cuántas clases de hombres hay? -Tres: el pollo, el gallo y el oso. -¿Son tres hombres? -Nó, señor. --¿Pués qué són? -Son tres osos distintos y una sola calamidad verdadera. -¿Tiene otro nombre esa calamidad? -Sí, señor; tambien se llama marido! -¿Cómo es el marido? -Es un ~eñor infinito, grande, muy amigo de nuestros amigos, é intermina– ble en sus gustos. Decidme las bienaventuranzas. Bienaventurados los hombres, porque ellos hácen lo que les . dá la gana. Biena~enturada.s las mujeres, porque hacen lo que les dé. la. gana de los hom– bres; -Bienaventui•adoa los que no oreen de buena íé; porque ellos se tienen la culpa., Hienaventura. c1.os los mansos; porqüe será que les conviene, Bienaventurados los tontos, porque abundan.. Bienaventurados los que buscan una mujer, porque ellos se casarán. Bienaventurados los solteros, porque ellos serán perseguidos, Biena-venturadoe los casados, por eso. Bienaventurados los pobres, porque no conocerán mujer. -rerteotamente. Ahora oonolu7amos con las pregnntas dificultosns ,e , d , · d · u uan o seran Jttzga as las mujeres malga t d ras? 8 a o- -El día del juicio de los homb débiles. res -¿ Y cuando lle~ará ese día? -¡Nadie lo sabe! -Ni yo tampoco. EusEBIO Btuoo. De mi cartera, No envidio yo la corona De un poderoso monarca Dueño de vidas y haciendas, De amores y de esperanzas Ni loa laureles ganados ' En el campo de batalla Por nn mílite esforzado Que sabe esgrimir las arme.a. Lo que yo envidio es.la gloria De los hombres que se afanan Por enseñarnos la ciencia Que es luz y vida del olma, Yo no envii1io lae riquezas Que ocultas :Natura guarda., Bajo el cristal de los mares Y entre sus ondas de plata; No envidio el oro que oculta, De la tierra en ln.s entrañas, Ni un encantado palacio De lucientes esmeraldas, Lo que yo en'\7idio es la lira De los poetas que cantan Al Autor de esa Natura, Tan espléndida y galana, A los hombres que difunden En los pueblos la enseñanza, Y á los martires que mue1 en Por defender á su patria. GRAZIELA p .A.Z DE S1llVlLLA, SnJest.iones á las señoras. Del curiosísimo libro del Dr. J. B. ti– tulado ''EL AM1Go DE LAS FAMILIAS'' to• mamos el siguiente párrafo que, por su incuestionable importancia, juzgamos que será del agrado de los marido, 1 muy util y saludable á las espo,a,, '' Si su marido de U. mira por oasua• lidad un poco perturbado, cuando llega á casa, no le diga con cara a.Austada.: ¿Qué tien:es querido mio? No le e.~urra; él le indicará de mera •oluntad, s1 sera neoesario, No haga U. retumbar por sus oidos tampoco uha tempesta~ de agudezas, sino sea observante y qmeta. No suponga Ü. que, cuando él es silen• cioso y pehsativo que ú. por aup~estQ1 es la causa. Déjele hasta que sea 111cli• nado para hablar! tome U. su libro ó att obra. de aguja (con alegría y oontentoj no como estando de hocico ó con ~ttnt_á geta), y aguárdese hasta q_i~e esté molta nado á eer sociable. No deJesele nunca encontrar que falte un boton a la cami• sa. tJ n boton de ca.misa,, faltattdo al óU6• llo ó puño ha. producido fre~uentemen: te el _primer huracán en la v1do. oo~yu gal. Los cuellos de hombre nunca si~n• tan bien -mire que los de su aumdo
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