Perlas y Flores N°18 al N°57
Los Abogados. Entre los curiosos apnntes que el oé?e– bre Gobani dejó en su memorable carte_– ra, que tanto ha dado qne hacer a críticos filósofos y poetas, enc,,ntram~s un pá.r;afo qne · ma,s ó ménos dio~ lo a1.. guiente: d' •Un criminal cualq niera es a.prehen l· do por la j nstioia, y nececi_ta _mentir_ Pª;ª nlvarae. Purü como el cr1:nmal 1~te11,e mal, se vé obligado á bttscar q1uen lo baga á la perf~coiou, eue.:ite lo que ~e costara. Hay p~ira, est~•ca'io una. espec10 de individuos '11le nnenten rneJo~ por otro que lo ,1ne uno es oapas de hacerlo por sí mismo: s~n los ab•).g¡trlos que-¡uo deja de s~r cnr10s~! - mienten mejor poi· una. oautula(l de dmero q~e los los que mienten por salvar sn proprn, ea• beza, Lo que haya de veréla,d en e:,to, lo sa: brán los mismo.; iutet·ezaLlos; pero, s1 hemos de creer lo qne de los abogados dicen las crónicas escandalosas, los se– ñores abogados son páj<tros de roncho vuelo. Por algo dice el refrnn que vale m_as una mnla comp,;sioion q11e un b.,.,en pletto y sinó, léanse con atencion los ve!·sos que copiamos en seguida, para termmar estas líneas. LAS TI.JERAS. Oa.da pieza de metal De las dos de una tijera Le embiste á su compañera, Sin hacrrle nuuca mnl. Onnndo la nna a la otra atRca, Lo que entre ellas se coloque Es lo único que del choque Todo el detrimento saca, Pues de no diatintA. rnrnrte, Los señores abogadns, Ouando alegan en estrados, -Parecen batirse Á. muerte. Pero pasa el a.legato Y ...... tan amigos como ántes; Los señores litig,rntes Bon los qne pagan el pato. Jur.10 ABRIL. ¡Fuera insectos! La ciencia de Lineo ha demoRtrado que unn. sola pulga, una chinche, una mosca ó cual(] uiera otrú insecto de los muchos que diariament(, i1.v11.den como una verdadera pla.ga nnei-;tras habitacio. nes, puede ten er en n nR. geuertt.cion un millon de de:c1cendientes. La Sarcophaga cornaria, pur egemplo, qne es una espe– cie de mosca que .ibnn<la. -en los mulada– res, }lnede en un corto tiempo dar á luz mas ó tnenos do~ mil larva,s, las cnale3 por medio de una alimeutacion abun · dante pueden adqnirir nn poso doscientas veces mas grande y adq nirir en cirlCo dias sn completo de~a.rrollo. A fin ele que la. maravillosa mnlti pli– cacion de tau fastidiosos insectos no dé por resnlrado qne lleglte muy pronto el dia. en que ellos nos coman vivos, he aquí PERLAS Y FLORES. un medio e:flcás y bara~o de sacarlos de combate. -LrLR esperienoias que a0aba.n de ha– ceroe dice un cole.D"a, ilem n0;:.;trnn q ne el petróleo es insecticida ,le nua t:Jficr1.cia incomparable. El 1nejor para este ef0cto es el que no está depurado. . . . Una míuirna cantidad aleJa para s10m– pre las pnlgas, las moscas y las chinches de lae habitaciones, La peste inmunda ele las cuoaraJhas, esa tentt,Z sabandija que ta_nto nos a~or– menta, está obligada á batirse en retira• da en presencfa, del petróleo, . Inveociones de a<Yua petrohzada (50 arMn )d p ·H' litn,) deb ijo de las horni– lias, de las gtietas y tronertts de las pa• redes, límpian infaliblemente las casas de estos i1:1cómodos huéspedes; pero es_pre– oiso volver algunas veces á la misma obra, á fin de destruir las nuevas gene• raciones nacidas de los huevos puestos anteriormente. JULIO MAYO Claris verbis. Tn corazon es, Delia, Que una casa de huéspedes lo mismo: Todos entran en él, salen y vuelven Como en la Gran Posada del camino. 3 Impenitente La escena pasa en una iglesia. Julia penetra al templo y se acerca á LuiRa, que tiene toda la mano metida en la pila del agua bendita. -¿Que haoes? preguntó Julia á su amiga -Oumplo con la penitencia que me dió el confesor, de meter en esta agua la mano con que hago cariños á Enrique. -Pues hija, yo me voy á mi casa y no me confieso; porque tendriA. q11e I?-ª· ter irrernisíblemente la boca en la pila, y ·ya ves que de ese modo esta:rfa espues– ta á ahogarme, sin qne el pobrecito pu– diera venir en mi au~ilio cou Sll bote y sus marinos. ::- e : • A Clemente Althaus. EN LA MUERTE DE SU MADRE, Perdona, amigo, que mi pob:re canto Vayaá turbar tu silencioso ~uelo, Sin que pneda ofrecerte :1.lgu11 cousnelo Que tregua ponga á tu filial quebranto, A la nueva fatal, llena de espanto Sentí cnrrer eutre mis venas hielo, Fr-rvorüsa plegaria elevé al ciolo Y brotó de mis ojos tri,;:;te llanto. Porqnéoh muerte! no acudes presurosa. Pero esa casa, al fin, tiene su dueño Al que vive sin fé, sin alegría? , Lejítimo Señor con renl domi:1io; . . Por qué á la madre santit y amorosa .Mientras tu corazon, que es de cualqmera De nadie es, en verdad, tuyo ni mío! A. DE LA E. DELGADO, ........ Un presentimiento. -¿Porqué ladra tu perro? ¿No sien– tes? H)'.\;y ruido en la puerta; parece que alguieu viene. . , . . -Q,1i611 puede venir a rnterrumplt' nuedtras caricia-:i? ¿ Ttane::1 miedo? -· Sí, alma min.. Mirn, enjúgame las lágrirn<ts q 110 el miedo llld arra.nea. -¿Miedo, tú, que 110 has tembhdo ante niugun peligrn? . , . -¡Miedo! si, t211~0 mtedo. Guardame en tu seno; no deJe1:1 que me robe; ya viene por mí. -¿Q·1 ién?. _...• ¡maidito sea¡ -¡ij 1 ¡Ahí le 1-ientol -¿Qnién? -bH ÜLVIDO!. ••• N. N. En la muerte de un nhio. (DEL FRANCÉS) Dnermes tranquilo; la noche avanza, Mientras tu cnna riego con l111uto. Ove ... es tu madre ... Dulce esperanza, Ü~spierta ... ¡Nunca dormi~te tanto! S4MUEL VELARDE. Arrebató veloz la mano impía? A.y! que en vez de esa yidr1 t~n P!·eciosa Cortado hubieras la existencia mm! MANUELA ANrONIA. MARQUEZ, Máxima. L!\. co11ciencia, la razou, la verdad Y el bnen sentido, son lo,, cuatro pun~os I cardinales de la brújuLt que debe gmar al hombre honrado en todos los sende– ros de la vida, par<1. llegar al puerto de salvaoion sin tropezar en los escollos del C!:l.mioo. Ama1· y querer. A la infiel, mas infiel de las hermosas Un hombre la quería, y yo la amaba; Y ella á nn tíempo á los dos nos encantába Con la miel de sus frases engañosas. Mientras él, con sus :flores venenosas, Queriéndola, su aliento emponzoñaba, Yo de eta ante los piés, que idolatraba., Acabadas de abrir echaba rosas, De su favor ya en vauo el ai~·e arrecia; Mintió á los dos. y sufrirá. el cas 'igo. Que uno la da por vil, y t,tro por ne01a. No hallará paz con él, ni bien conmigo: El, que solo la qniso, 1't dl~sprecia; Yó, qne tanto la amaba, la maldigo. R. ÜAMPOAMOR,
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