Perlas y Flores N°18 al N°57
P.mRLA8 W ~LOR!!8® ------.· ~-~- SE:MANARIO COMERCIAL OBSEQUIADO A LAS FAMILIA ii~Ii. .. r ··········· ....................... , ............. ············· ............................... LAS MUNECAS. Sábado 13 de Junio de 1885. 1 dama decía, mirando uno do ellos, no hace muchos días: l[qnisiera qun fnese mía.» Lo qne sucederá á la candidéz in- P ENSAIS que he elejido un asunto Ji. fantíl no ea para_ s~spechado. . viano? Pués no., señor, Así co~o No me maravillo en modo alguno la la mujer tiene un encargo provi._ escena que presencié noches atrás en dencial el de ser madre, así la niña sien- casa de un mi antiguo amigo. Le había te una. 'vocación involuntaria, la de en- tocado en la última extracción de la ló– señarse á serlo. La prueba en las muñe- tería no despreciable premio al tRl au– cas. ¿Són otra cosa que la anticipación 1 jeto que, amen de una encantadora cotn– de los h1jos? pañera, ouenta co~ dos granados vás- . No hay sdicitud comparada á la que tagos del género rigurosamente bello. una mucL acha de ocho ó diez años con- La alegría y la prodígalidad reinaban aag.raá.su monigote de cartón, d~piedra6 en el santn~~io de la díchosa fa1;lli_lia. de mader a barnizada. Ella lo viste, ella Todo se volv1a allí proyectos de viaJes, lo desnuda., ella lo peina, ella lo perfu- planes de P-mbellecimiento, presupuestos ma.. Le prepara el chocolate y le reéo- de complacencia. Cada indiyiduo 1·eci– ee la ropita blanca, y le plancha las ca- l,fa, _:ror anticipado, promesa d~ satis– misolas y le. cortu, las blusas de fular,. y facc1on para sus secretos antoJos, Lo Je fabrica los calcetines de hilo, y le cal- que pasa en casa de los desheredados za y le pulsa, y aprende á leer solo pa- · cuando la. abundancia se presta á visi– ra estar al corriente de la última moda tarlos. á que ha 90 ajustarse la toilette de los Y, sin embargo de tamaño derroche, meri"s dignos de verse. No en· vauo le hubo dos séres que tuvieron algo que llt1ma su pequeñuelo y le adormece con- pedir, arénas agotado el inventario de tra. au regazo, como si le hubiere Ueva• laa larguezas. Papá exclamaron con do en sus entrañas. afecto, las dos polluelas á la vez: te has Aquello es una monada. ¡Qué cuida- olvidado de lo mejor. Nosotras quere– do en que la cama no esté ni demasiado mos dos muñecR.s grandes. ¡Sería deseo fria ui demasiado caliente! ¡Qué esmero añejo el de las zagalonasl Por snpuesto en que la, comida no resulte, ni por ex- que lo de conservar esa pueríl adhesión . tremo ·sazonada! ¡Qué particul-rr aten- á las muñecas hasta la víspera de los ción en lo de guardar silencio cuando desposorios no es nuevo. Abundan las supone que duerme, y en lo de procu- jóvenes que, .por el contrario, al despe– rarle regocijos ou_ando simula que dirse de su bebe y de sus projenitores pa• despertó disgustadillo! ¡Cuál ternura. se- ra entrar en el nupcial tálamo, lloran mejante á la de sus castos besos y á la tan amargo llanto por los ·unos como por de sus abrazos perfusivost Las niñas el otro. Ningún espectáculo más con– que a.si adivinan la naturaleza mo1·al de: movedor que el ¡adiosl de criaturas se– la mate rnidad, honrarán su sexo. ¡Ah! mejantes al predilecto objeto de sus pri– si no c ursaran en la escuela de tan ino- meros afanes, ¡Allí son lR.s caricias ex• - oentes frivolidau.es ~ llegarían al momen- tremas; allí las bendiciones piadosas¡ to sole mne de las núpcias sin conocer allí las frases doloridas! Y no falta loe sagrados pormenores de su inefable quién, á la postre de todo ello, acomode . oficio. · su muñeca en su canastilla de boda, pa- y por aquí verán los lectores que las ra no atravesar triste y sin compañia el muñecas no son instrumentos de poco dintel de la nueva vida. más O ménos. Gracias á su invencible Ni se presuma que esas señoritas sean b.ctraticvo, las doncellas se convierten las menos apreci!tbles y discretas. Bién en madres prematuras, sin dejar de al revés suele acontecer de ordinario, ·mantenerse vírgenes de cuerpo y alma1 pués~ al cabo, el exceso de sensibilidad . El arte pone cada día más de su parte, no daña. Pocos amores, por otra part-et hay que confesarlo, para contribuir á la ménos ocasiouados á celos y sospechas. eficacia de esa educación ei-pontánea. Mejor ha ·de deAconfiarse de los tempe• Con efecto, los niños de mentirijillas, ramentos qne _se separan pronto y sin asomados á los escaparateH de Cluzón, pena, de sus pequeñuelos postizos. Un de Anzardo y García y de Garnier, són sábio formulaba la misma idea en otros capa.ces de a.espertar la ilusión y el ape• términos: "Me gusta.o las solteras que tito de las fruslerías mecánicas en los I hab 1 an má.s oon su monigote de trapo y .Plás adustos espíritus., 0ié1·tl\ proyecta esca1o~p,, '}Ue con su novio de car.ne 1 hueso." Hé ahí la;3 propias palabras. "En resúmen, caémos en lo dicho. La mnjér está en la muñeca a la manera que la imágen está en el espejo. -Y no ha.y que extrañar la importnn– cia de un embeleco, al parecer ini:dgoi• ficante. ¿Por ventura, lo peq uef10 no es gérmen en el mundo de lo grande? Los hombres no comprendemos bién esta misterioea ley de los contrastes qué ri• je la tierra. Pero ello es que, así como el grano de trigo contiene la semilla que llena el troje, así como el huevo del pá– jaro encierra la fecunda sábia que pue– blR. el bosque, así como la_gota de agua lleva en su hueco vientre la fertilidad que anima los mares, así como el soplo del viento trae en sus alas el átomo de ox1jeno que alimenta la vida, así las ni– ñerí1:1¡s aparentes· enjendran las grande– zas inequívocas. Por eso el instinto dt3 la mujer se revela en el culto de la mu– fieca. ¿Sostendreis todavía que es un instru– mento mezquino? Pnés no señor. Aquel ' jngnete guarda el secreto de muchos pensamientoR y la lnz de muchas. espe– ranza~, y la hnella de muchas memo– rias. Con él han llora<lo, con él han rei• dof con él se han enojado, con él han hecho las paces mil veces vuestras hi– jas y vuestras esposas. Es algo que les pertenece, al modo que la rama perte;¡ nace al árbol, al modo que la sombra pertenece al cuerpo; en su trai.mnto, ea su maestro y- rm enjendro; es lo que son ellas. ¿Por qué no han de amarlas? Los mas altos ministerios ~xijen nná preparación natural, y la sttblime ,pre– pR.ración de los destinos femeniles tiene tanto de augusta como de sencilla, ¡Las muñecas! Ved ahí una cosa baladi y respetable al mismo tiell'.1po. El artífice que las labra no sabe lo que hace~ el comerc1ante que las '\'ende no sabe lo q ne os dá; el comprador que las adquie– re no· sabe lo que toma. Saludémoslas con interés, porque ellas han deleitado á nu~stras madres, P aBLO NouduEs. Coquetería. . Como las flores, voluble niña, son los amores tras los que vás. Su aroma, galas y lozani~ dtll'an un día. ¿No má,sf ·-. - ¡No má~I
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