Peregrinaciones de una paria
PEREGHINACIONES DE UNA PARIA 97 revolución, pero no ha pensado abandonar el poder y lo conserverá por mucho tiempo todavia. Doña Carmen, cuya pasión por los espectáculos de toda clase es tal, que tendría fuerza para ir, en 1a mis– ma tarde, a ver crucificar .a Jesucristo, representación que se da en las iglesias de América durante la Semana Santa, en seguida al teatro a admirar a los bailarines de. cuerda Y después a las peleas de gallos, mi querida prima, aunque :niraba desdeñosamente al populacho reunido en la plaza de las Mereedes, no había dejado de sentir una buena parte del placer experimentado por la multitud al ver maniobrar a la Virgen y a sus solda– dos; pero se guardó muy bien de confesárnoslo. Criticó en alta voz ese adefesio y estuvo en el fondo, muy con– trariada de que yo lo hubiera presenciado. Los franceses que asistieron con nosotros a la repre– sentación del Misterio se contentaron con burlarse y reírse sin impresionarse en otra forma. Por lo que pude ver, fuí la única en regresar entristecida de ese espac– táculo. Siempre me he interesado vivamente por el bien– estar de las sociedades en medio de las cuales el destino me ha transportado y sentía un verdadero pesar por el embrutecimiento de ese pueblo. Su felicidad, me decía, no ha entrado jamás en las combinaciones de los ' gober– nantes. Si hubieran querido realmente organizar una re– pública hubieran tratado de hacer germinar, por medio de la instrucción, las virtudes cívicas hasta entre las últimas clasés de la sociedad. Pero, como el poder y no la libertad. es el objetivo de esa multitud de intrigantes que se suceden en la dirección de los negocios, continúan la obra del despotismo y para asegurarse la obediencia del pueblo a quien explotan, se asócian con los sacerdo– tes par~ mantenerlo con todos los prejuicios de la su– perstición. Ese país, desangrado por veinte años de gue– rras civiles, se halla en un estado deplorable y se busca. en vano, en la clase, que por su fortuna ocupa el primer rango, la esperanza de un mejor porvenir; pero no se encuentra en ella sino la más orgullosa presunción uni– da a la más profunda ignorancia y un lenguaje de ba- . 'l.
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