Peregrinaciones de una paria

94 FLORA TRISTAN de las Mercedés, al a ire libre. Lamento no habe!:' podido conseguir el manuscrito de ese drama religioso. Si se puede juzgar por lo poco que he visto y oído contar, debe ser un modelo en su género. Doña Carmen se vuel– ve loca por cualquier espectáculo y me dejé arrastrar por ella a la representación. Mas nos fué imposible acer– carnos a la escena. Los primeros sitios fueron ocupados por las mujeres del pueblo, quienes esperaban allí desde la mañana. Se las empujó para tener un rincón desde donde poder ver. Jamás · habia sido testigo de tanto en– tusiasmo. Con la ayuda de los señores que nos acompa– ñaban, logré subir sobre un poste y desde mi pedestal, ví 'con comodidad el magnifico cuadro ofrecido por la plaza. Se habia levantado sobre el pórtico de la iglesia, una especie de teatro por medio de tablas colocadas so– bre toneles. Algunos decorados, sacados del teatro de la. ciudad formaban la escena, que debia estar alumbrada. por cuatro o c1nco quinqués; pero los rayos argentados <ie la luna supllan la economía. de los empresarios y bajo el hermoso cielo de Arequipa, la luna esparce bri– llantes claridades. Era una cosa nueva para mi, hija del siglo XIX, recién llegada de París, la representación de un misterio representado bajo el pórtico de una iglesia. en presencia de una multitud inmensa de pueblo; pero el espectáculo lleno de enseñanzas, era la brutalidad, los vestidos groseros, los harapos de ese mismo pueblo, cuya extrema ignorancia y estúpida superstición retrotraian mi 1.n).aginación a la Edad Media. Todas esas caras blancas, negras o cobrizas, expresaban una ferocidad salvaje, un fanatismo exaltado. El Misterio se parecía bastante (no diré nada. de las bellez,as del diálogo, pues las palabras no llegaban sino imperfectamente a mis oidos) a los representados en Paris en el siglo XV, con ~an pompa, · en la sala del Palacio de Justicia para edificación del pueblo de Paris, representación a que nos hace asistir Victor Hugo en su Nuestra Señora. Con ayuda de algu– nas palabras cogidas al vuelo, de algunas explicaciones que me fueron dada.s por los iniciados de los bastidores

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