Peregrinaciones de una paria
FLORA TRISTAN reunión de todas esa::; circunstancias, demasiado fuertes para mi, me hacian sentir un deseo imp_erioso de cariño y tranquilidad. Por momentos, estaba lista a arrojarme al cuello de Chabi:'ié, confesarle todo lo que sufrla, pedirle ayuda y protección, sintiéndome ya incapaz de resistir por más tiempo. Pero el temor de causarle un dolor me detenía. Su conducta hacia mí durante todo el viaje, sus . cinco meses de amor y de complacencia, me inspiraban tanto agradecimiento, que no tenía el valor de hacerlo sufrir. No sé lo que habría sucedido y si habría tenido la fuerza de obedecer a mi deber, sin la ocurrencia provi– dencial que me hizo tomar una determinación. M. David venia todas las tardes donde mi. Mi ha– bitación era el punto de reunión de esos señores. Sus negocios no ofrecían muy brillantes perspectivas; habían encontrado la plaza completamente ocupada; no tenían ventas y el vencimiento de sus facturas los inquietaba. horriblemente. M. David entró, una tarde, con un aire muy satisfecho. -Querida señorita -me dijo-, tengo una buena noticia que comunicarle: ya estamos sin inquie– tud para nuestras fechas de pago; acabamos de recibir cartas de M. Roux de Burdeos, en las cua 1 cs nos anun– cia que sale fiador de nosotros, y se encarga del pago de todas nuestras obligaciones a medida que se venzan. Dice que considera a Chabrié como miembro de su fa– milia, como si fuera ya su hijo ... Usted sabe, agregó M. David, antes de nuestra partida de Burdeos había sido cuestión de casar a Chabrié con la señorita Roux El matrimonio no le agradó a nuestro amigo, pues, en• contraba a esta señorita demasiado joven. Suceda lo que suceda, esta circunstancia es muy feliz para nosotros. Nuestra operación es buena, pero las ventas, má.'J tardia~ de lo que pensábamos, la hubieran hecho mala, sin la complacencia de M. Roux, quien va a facilitarnos los me- dios de esperar. ' Lo que- me dijo M. David ·me hizo vislumbrar para Chabrié, un porvenir insospechado hasta entonces. Ese :matrimonio con la sefíorlta Roux le convenia perfecta– tnente. El quería a la famllla de M. Roux tanto co_mo a
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