Peregrinaciones de una paria

51 FLORA TRISTAN suelo. .l!.n 1a pensión en 4ue vivía, conoció a un joven, a quien confió su triste situación; éste no era más feliz que ella, le propuso partir con él para la América del Sur. La desgraciada se sentia vencida, no podia ya lu– char contra la miseria y la soledad y consintió. Ese joven era un conocido de Chabrié. Había perdido su fortuna. y con los restos que habia salvado, se dirigía a América. Seis meses después de su. llegada a Valparaiso mu– rló el joven. Su larga enfermedad había agotado sus últimos recursos. La pobre Mme. Aubrit quedó encinta 'I, sin ningún medio de existencia. Fué en esta cruel si– tuación que M. Chabrié la encontró cuando regresó dé su viaje por la costa. Le propuso llevarla a Francia junto con su hijo; pero ella sent!a que en Francia no era sino una miserable Parla y prefirió quedarse. Entonces el buen Chabrlé, con su genetosldad habitual, se propuso hacerla. salir de la desgraciada situación en que se hallaba. La recomendó a sus consignatarios, respondió por ella por 1.000 pesos; aparte de esta garantía le prestó dinero;', por medio de estos recursos, abrió una pensión, que prosperó inmediatamente, aún más allá de sus · espe... ranzas. La historia de Mme. Aubrlt es la de miles de mu• jeres, como ella. fuera de la sociedad y que tienen, coma– ella, que sufrir los horrores de la miseria y del abandono. Nuestra sociedad se muestra insensible a la vista de esas miserias y de Ía perversidad que las hace nacer. En su est.únido egoismo, no ve que el mal ataca a la organi– zación social en su base, y los datos ~stadisticos le re• yeJan los progresos sin que se piense en poner remedio. Cuando la señora Aubrit acabó de contarme sus pe– nas, me habló de M. C'habrlé, alabó su generosidad, stt delicadeza y agregó:' · -¡Ah, señorita! ¡F,s una lástima que tan bella alma ha.ya caldo también en tan malas manos! -¿De quién quiere usted hablar? .. : -De esa mujer que · lo hizo quedarse en Ltma du- rante tres afios, a perder su tiempo. ~ esa sefior~ Af..: D}ée, de quien quizá M,:., David.)~ habrA '.1abla~, pues él

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